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sábado, 15 de diciembre de 2012

Adviento: Ni el uno, ni el otro


Adviento - Ni el uno, ni el otro
«Porque vino Juan, que no comía ni bebía, y ellos dicen: “Tiene un demonio.” Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Éste es un glotón y un borracho, amigo de recaudadores de impuestos y de pecadores.” Pero la sabiduría queda demostrada por sus hechos». Mateo 11.18–19
¿Quién entiende a los que quieren descalificar a Jesús? ¿Querían un maestro de costumbres rigurosas y un asceta rígido?  Este era Juan, y no lo aceptaron ¿Querían un profeta apacible de conductas menos legalistas? Este era el Hijo del hombre, y lo rechazaron.
A Jesús lo acusaron de glotón, borracho y amigo de personas indeseables. Y, aceptémoslo, esta no era una acusación del todo falsa. No se puede negar que Jesús, en muchas ocasiones, aparecía rodeado de publicanos corruptos y de mujeres y hombres de dudosa moralidad. Por otra parte, comía cuando no debía, y, peor aún, de la manera incorrecta; en cuanto al vino, pues… su primer milagro consistió en convertir insípidos galones de agua en exquisito vino.
El Maestro no habitó entre nosotros para satisfacer los caprichos de los religiosos, siempre tercos e inconsecuentes. Y, además, si se hubiera acogido a sus reglas, se hubiera acompañado de «gente decente» y para su dieta se hubiera regido por el menú del Templo; tampoco lo habrían aceptado. Su código religioso ya les había marcado lo aceptable y lo rechazable.
Cuando la religión (la religiosidad tradicionalista e insensible) domina la vida, sus seguidores limitan su capacidad de juzgar con libertad. Todas las verdades ya están dictadas por el dogma o el código sagrado. Ya no resta necesidad de discernir entre lo que es y lo que no es. La religión señala lo que debe ser… y eso, para ellos, es más que suficiente.
Para seguir pensando:
«No hay ningún estado social que no tenga sus costumbres y, por lo tanto, sus mentiras convencionales».
 Soren Kierkegaard
Oración:
Oremos para que los líderes religiosos sirvan al pueblo, siendo capaces de discernir la vida con libertad, sin ataduras de dogmas ni mezquindades, y así se conviertan en agentes de vida y reconciliación y no en promotores de muerte y conflictos. Roguemos porque las comunidades judías, cristianas y musulmanas residentes en Israel y en los territorios palestinos descubran cómo convivir viendo al diferente no con los ojos del dogmatismo y del egoísmo sino con los ojos de la equidad y la misericordia.

Autor/a: Harold Segura C.

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