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domingo, 27 de enero de 2013

Hoja Diocesana 691



IGLESIA ESPAÑOLA REFORMADA EPISCOPAL
(Comunión Anglicana)
HOJA DIOCESANA Nº 691
Domingo 27 de Enero 2013
Tercer domingo después de Epifanía

 

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28004 MADRID
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Lecturas Bíblicas Dominicales
Profecía:                     Isaías 5, 18 - 27
Salmo:                        Salmo 9, 10 - 11
Epístola:                     Romanos 6, 19 - 23
Evangelio:                  Mateo 8, 1 - 13
Profecía: Isaías 5, 18 - 27
¡Ay de los que traen la iniquidad con cuerdas de vanidad, y el pecado como con coyundas de carreta,  los cuales dicen: Venga ya, apresúrese su obra, y veamos; acérquese, y venga el consejo del Santo de Israel, para que lo sepamos! ¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo! ¡Ay de los sabios en sus propios ojos, y de los que son prudentes delante de sí mismos!  ¡Ay de los que son valientes para beber vino, y hombres fuertes para mezclar bebida;  los que justifican al impío mediante cohecho, y al justo quitan su derecho!  Por tanto, como la lengua del fuego consume el rastrojo, y la llama devora la paja, así será su raíz como podredumbre, y su flor se desvanecerá como polvo; porque desecharon la ley del Señor de los ejércitos, y abominaron la palabra del Santo de Israel. Por esta causa se encendió el furor del Señor contra su pueblo, y extendió contra él su mano, y le hirió; y se estremecieron los montes, y sus cadáveres fueron arrojados en medio de las calles. Con todo esto no ha cesado su furor, sino que todavía su mano está extendida.  Alzará pendón a naciones lejanas, y silbará al que está en el extremo de la tierra; y he aquí que vendrá pronto y velozmente. No habrá entre ellos cansado, ni quien tropiece; ninguno se dormirá, ni le tomará sueño; a ninguno se le desatará el cinto de los lomos, ni se le romperá la correa de sus sandalias. 
Salmo: 9, 10 - 11
(Se puede reemplazar  por un canto)

Epístola: Romanos 6, 19 - 23
Hablo como humano, por vuestra humana debilidad; que así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia.  Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia.  ¿Pero qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte.  Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.
 Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.
Evangelio: Mateo 8, 1 - 13

Cuando descendió Jesús del monte, le seguía mucha gente. Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: 
Señor, si quieres, puedes limpiarme. 
Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: 
Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció. 
Entonces Jesús le dijo: 
Mira, no lo digas a nadie; sino ve, muéstrate al sacerdote, y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para testimonio a ellos. 
Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, y diciendo: 
Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. 
Y Jesús le dijo: 
Yo iré y le sanaré. 
Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente dí la palabra, y mi criado sanará. Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: 
De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe. 
Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos; mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. 
Entonces Jesús dijo al centurión: 
Ve, y como creíste, te sea hecho. 
Y su criado fue sanado en aquella misma hora.
Reflexión del Evangelio
En tiempos de Jesús, la palabra lepra era usada para una gran gama de enfermedades de la piel, y no solamente para la aflicción que hoy día conocemos como la enfermedad de Hansen. “Los escribas contaban más o menos setenta y dos diferentes condiciones de la piel que se definían como lepra”, incluyendo enfermedades como “fuegos” (furúnculos) y tiña (Edwards, 68; ver también Lev. 13-14). Algunas de estas enfermedades no tenían cura conocida, y por eso se les temía mucho. Algunas eran altamente contagiosas, así que se requería que los leprosos vivieran en lugares aislados. La ley de la Torá dice: “Y el leproso en quien hubiere llaga, sus vestidos serán deshechos y su cabeza descubierta, y embozado pregonará: ¡Inmundo! ¡Inmundo!... será inmundo; estará impuro: habitará solo; fuera del real será su morada” (Levítico 13:45-46). El Antiguo Testamento tiene varios pasajes donde Dios aflige al pueblo castigándolos con lepra (Números 12:9-10; 2 Reyes 5:27; 15:5; 2 Crónicas 26:19-21), así que la gente frecuentemente interpretaba la lepra como un castigo por el pecado.
 Por lo tanto, la lepra tenía múltiples dimensiones: física, religiosa, social y financiera. La persona afectada (físicamente) era considerada como ritualmente impura (espiritual). A los leprosos se les requería que vivieran solos y mantuvieran una distancia de cincuenta pasos lejos de otra persona (social). Si la persona con lepra tocaba a otra persona o era tocada por alguien, se consideraba que esa persona estaba ritual y físicamente impura hasta que se le examinara y fuera pronunciada limpia por el sacerdote. En otras palabras, tanto la impureza física (médicamente) como la ritual (espiritual) eran contagiosas. La persona afligida por la lepra no podía trabajar, y por lo tanto se le reducía a pedir limosna (financiera). Y por lo mismo, su familia también se vería reducida a la pobreza. Las consecuencias espirituales, sociales y financieras de la lepra –impureza, aislamiento, y pobreza – eran más terribles que las consecuencias físicas de esas formas más benignas de la enfermedad.

Los capítulos 13 y 14 de Levítico prescriben en forma muy detallada cómo se diagnosticaba la lepra, y hacía al sacerdote responsable de examinar a la gente con problemas en la piel para determinar si tenían lepra. El sacerdote también era responsable de evaluar si la persona con lepra era sanada de la enfermedad. Si era así, el Levítico especificaba un ritual para restaurar a la persona a un estado de pureza. 

Lecturas Bíblicas para la semana
 Lunes: Ro 16 / 2 S 1 / Sal 72
Martes: Mr 1.1-20 / 2 S 2.1-3.1 / Dan 1
Miercoles: Mr 1.21-45 / 2 S 3.2-39 / Dan 2.1-23
Jueves: Mr 2 / 2 S 4-5 / Dan 2.24-49
Viernes: Mr 3.1-19 / 2 S 6 / Dan 3
Sábado: Mr 3.20-35 / 2 S 7-8 / Dan 4
Domingo: Mr 4 1-20 / 2 S 9-10 / Dan 5

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