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viernes, 17 de mayo de 2013

LOS NIÑOS Y LAS NIÑAS ENTRE NOSOTROS




¿Qué mueve a los cristianos a interceder por la causa de la niñez?[1]  Se podría decir que es la pasión, el amor y la carga que Dios ha puesto sobre ellos. Es un claro reconocimiento de que se está en una guerra sin tregua contra un sistema humano decadente moral y espiritual, que se levanta en contra de la niñez.  Es, además, el compromiso con la causa de Dios y con su misión a favor de los niños y las niñas. Es la esperanza de que Dios derrame su gracia y poder, las puertas se abran y las respuestas superen las expectativas.
En 1995, se inició un gigantesco movimiento que se levantaría como un eje en el trabajo con la niñez y la adolescencia. Una iniciativa que permitiría la sensibilización y la movilización de cientos de miles y hasta millones de creyentes, que se han hecho presentes año tras año en un espacio donde las fronteras no han tenido murallas; las calles, las plazas, las iglesias y los pueblos de muchas partes del mundo, han sido testigos de la participación de la iglesia unida hablando un mismo idioma: la oración.
Coincidirán conmigo en que cuando la iglesia permanece unánime y en oración, se vivifica, se levanta y muchas cosas suceden. Prueba de ello son los avivamientos históricos que Dios ha traído a su pueblo, en respuesta a un pequeño grupo de personas que perseveraron en oración. Pero me doy cuenta de que como iglesia aún necesitamos tener una clara comprensión del significado y del propósito de la oración y, en especial, de la oración por la niñez y la adolescencia más vulnerable de nuestro planeta.
Pregunto: ¿No será también un verdadero avivamiento cuando un niño o una niña es transformado por el poder de Jesús, por medio del Espíritu Santo, y hay fiesta en los cielos?  ¿No será un verdadero avivamiento cuando vemos que por fin sonríe aquella pequeña abandonada o maltratada, la cual encontró finalmente a alguien que le extendiera su mano y la amara y protegiera?
Cualquier ministerio que se haga llamar cristiano, debe saber que la oración no es solo lo primero y lo último, sino que es el centro de nuestras actividades antes de que iniciemos nuestra faena.
Para hablar de intercesión tenemos que tomar a Jesús como referente, pues no solamente lo vemos permear su ministerio terrenal con la oración personal, sino porque es, en palabras de Segundo Galilea (1928-2010): “A partir de la oración de Cristo, que se fundamenta el sentido de toda oración.  Porque Cristo oró, la oración tiene valor y significado. Pues el valor último de las virtudes cristianas y humanas se funda en los valores que Cristo vivió. Si Cristo no hubiera orado, toda consideración teológica o espiritual sobre la oración sería vana.
Nosotros no deberíamos tomar decisiones importantes en nuestras vidas, si éstas en primer lugar, no han sido permeadas en oración.  Debemos orar con sabiduría a fin de promover una sociedad y un mundo mejores. El propósito de la intercesión es que “podamos vivir una vida tranquila y pacífica, con toda piedad y dignidad” (1 Timoteo 2:2), lo cual nos señala que todos somos partícipes al construir en oración esta paz para los hombres, las mujeres, los niños, las niñas y los adolescentes.


[1] Por medio del Fin de Semana Mundial de Oración por la Niñez Vulnerable, iniciativa que promueve Viva,  desde hace 18 años a nivel mundial, se ha logrado movilizar a más de 1 millón de creyentes en todo el mundo.  Este año se estará orando  1 y 2 de junio.


Autor/a: Alexander Cabezas


Alexander Cabezas Mora, costarricense. Es coordinador de Relaciones Eclesiásticas de Viva de América Latina. Miembro de la secretaria administrativa del Movimiento Cristiano Juntos con la Niñez. Parte del equipo coordinador del núcleo local de la Fraternidad Teológica Latinoamericana. Coordinador del programa Desarrollo Integral de la Niñez del Seminario Esepa. Bachiller en educación y posgrado en teología. Anciano de la Iglesia Comunidad Amistad Internacional y ha escrito dos libros sobre temas relacionados con la niñez.
FUENTE: LUPA PROTESTANTE.

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