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martes, 5 de marzo de 2013

MEDITACIONES DE CUARESMA



Hemos recibido de la Agencia Episcopal de Alivio y Desarrollo la siguiente nota:

El tiempo de Cuaresma nos ofrece la oportunidad de reflexionar sobre nuestras vidas, nuestras relaciones con nuestros vecinos y nuestro mundo mientras avanzamos hacia la celebración de la resurrección de Cristo y la Pascua.

Esta décima edición de Meditaciones de Cuaresma de la Agencia Episcopal de Alivio y Desarrollo, es un camino de oración y reflexión que puede guiar a descubrir cómo podemos ayudar a aliviar el hambre y mejorar el suministro de alimentos del mundo, a través de la abundancia de Dios en nuestras vidas.

Están escritas por un grupo de líderes de la Iglesia Episcopal, que aportan sus perspectivas teológicas y espirituales particulares en estos escritos, al meditar en sus pasajes  favoritos de las Escrituras y otras fuentes de sabiduría espiritual.

Es nuestra esperanza que las Meditaciones de Cuaresma 2103 profundicen nuestra comprensión del llamado de Dios a nuestras vidas y nos ayuden a pensar en cómo podemos sanar a un mundo que sufre.

Sinceramente en Cristo,

Robert W. Radtke
Presidente de la Agencia Episcopal de Alivio y Desarrollo (ERD)

DESCARGAR LAS MEDITACIONES DE LA CUARESMA EN ESPAÑOL DE: 

Fuente: Agencia Episcopal de Alivio y Desarrollo
Edición: Gabinete de Comunicación Iglesia Anglicana de España (IERE)

viernes, 1 de marzo de 2013

Meditaciones de Cuaresma




El que labra su tierra tendrá abundante comida,
pero el que sueña despierto es un imprudente.
— Proverbios 12:11

En el remoto atolón de Ontong, Java, nuestra asociada, la Iglesia
Anglicana de Melanesia, acompaña a los agricultores locales en
un proyecto de Permacultura que introduce técnicas de cultivo
innovadoras, para mejorar el abastecimiento de alimentos luchando
contra la salinidad del suelo y la elevación del nivel del mar. El
proyecto comenzó en 2010 y dos años más tarde obtuvo su primera
cosecha, proporcionando una variedad de frutas y verduras a la
comunidad de la isla.
El acceso al atolón es muy limitado, con un barco haciendo un
viaje de ida y vuelta de seis días, cada cuarenta días. Al comienzo
del proyecto, el personal diocesano permaneció en una de las
islas durante los cuarenta días, trabajando duramente en la
preparación de la tierra, la siembra de los cultivos y la capacitación
de los agricultores en los nuevos métodos de trabajo. Fue un gran
sacrificio pasar esos cuarenta días lejos de sus familias, labrando la
tierra en un entorno desconocido. Pero la bendición de una cosecha
abundante cada año fue una recompensa muy valorada.
Durante estos cuarenta días de Cuaresma, reflexionemos sobre
nuestros esfuerzos por “labrar la tierra”.
— Nagulan Nesiah

miércoles, 27 de febrero de 2013

Meditaciones de Cuaresma.




Miércoles 27 Febrero MEDITACIONES DE CUARESMA 

Jesús... les contó esta parábola: “Un sembrador salió a 
sembrar. Al esparcir la semilla, una parte cayó junto al 
camino; fue pisoteada, y los pájaros se la comieron. Otra 
parte cayó sobre las piedras y, cuando brotó, las plantas 
se secaron por falta de humedad. Otra parte cayó entre espinos que, al 
crecer junto con la semilla, la ahogaron. Pero otra parte cayó en buen 
terreno; así que brotó y produjo una cosecha del ciento por uno.”
— Lucas 8:4-8

Cuando se cultivan alimentos, se debe estar dispuesto a dejar que 
las cosas se vayan de las manos. El primer año preparé el suelo con 
un año de anticipación. Cuidadosamente coloqué diez capas de 
compost, recortes de césped, hojas, tierra y periódicos rotos y dejé 
que se descompusieran durante el invierno. Al llegar la primavera, 
planté col rizada, acelga y brócoli, muchas plantas de tomate, 
dos filas de calabacines y calabazas y mucha lechuga, espinacas, 
rábanos y remolachas. Y aunque el brócoli no produjo mucho, el 
jardín fue exuberante y produjo un ciento por uno. Yo no esperaba 
tal abundancia y aprendí rápidamente que tener demasiada comida 
en las manos, es el mejor modo de hacer amigos rápidamente.
Al año siguiente planté menos filas, roté mis cultivos y todavía tuve 
demasiados alimentos para nuestra familia de dos. Hubo muchos 
“voluntarios” en nuestro jardín, con ajos y tomates apareciendo 
donde no sembramos. De nuevo, una inesperada abundancia, 
que hizo un hábito santo ayudar a alimentar a los vecinos y a los 
visitantes de la despensa de la parroquia.
Sembrar es siempre un acto de fe, pero cuando hay un buen suelo y 
receptividad al rendimiento, los resultados son siempre mayores de 
lo que podemos utilizar solos. Y, por supuesto, no debemos hacerlo. 
El rendimiento, el crecimiento y el alimento son para compartirlos.
— Jennifer Baskerville-Burrows

martes, 26 de febrero de 2013

Meditaciones de Cuaresma.




Martes 26 de febrero: MEDITACIONES DE CUARESMA.
La tierra no se venderá a perpetuidad, 
porque la tierra es mía y ustedes 
no son aquí más que forasteros y huéspedes.
— Levítico 25:23
En su corazón, la historia del pueblo de Dios es también una 
historia de la tierra. En el Antiguo Testamento, Adán y Eva son 
expulsados de la tierra y los israelitas vagan durante años por una 
tierra extraña, para finalmente establecer su hogar en la tierra 
prometida a ellos por Dios. En Levítico 25:23 Dios recuerda a los 
israelitas, a punto de establecerse en Sion, que la tierra pertenece a 
Dios; y ellos no son más que “extranjeros e inquilinos”.
Es significativo que Dios hable tan específicamente de la tierra, 
dando detalladas instrucciones para dejar la tierra descansar cada 
séptimo año y su restauración el año de Jubileo, delineando nuestra 
conducta en relación a ella, porque él la cuida especialmente. 
Sin nuestro cuidado genuino de la tierra, no podemos cuidar 
adecuadamente a la gente de Dios, ni, por lo tanto, obedecer sus 
instrucciones tal como él ordena.
A mediados de siglo, la población mundial llegará a nueve mil 
millones de personas, y actualmente una de cada siete está 
subalimentada o padece desnutrición crónica. El uso que damos 
a la tierra ahora es sin duda importante para Dios, como lo fue en 
tiempos de los israelitas. Trabajemos y oremos para usarla sabia y 
compasivamente, recordando que no somos más que “extranjeros e 
inquilinos” en la tierra de Dios.
— Brin Bon21