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viernes, 1 de marzo de 2013

Meditaciones de Cuaresma




El que labra su tierra tendrá abundante comida,
pero el que sueña despierto es un imprudente.
— Proverbios 12:11

En el remoto atolón de Ontong, Java, nuestra asociada, la Iglesia
Anglicana de Melanesia, acompaña a los agricultores locales en
un proyecto de Permacultura que introduce técnicas de cultivo
innovadoras, para mejorar el abastecimiento de alimentos luchando
contra la salinidad del suelo y la elevación del nivel del mar. El
proyecto comenzó en 2010 y dos años más tarde obtuvo su primera
cosecha, proporcionando una variedad de frutas y verduras a la
comunidad de la isla.
El acceso al atolón es muy limitado, con un barco haciendo un
viaje de ida y vuelta de seis días, cada cuarenta días. Al comienzo
del proyecto, el personal diocesano permaneció en una de las
islas durante los cuarenta días, trabajando duramente en la
preparación de la tierra, la siembra de los cultivos y la capacitación
de los agricultores en los nuevos métodos de trabajo. Fue un gran
sacrificio pasar esos cuarenta días lejos de sus familias, labrando la
tierra en un entorno desconocido. Pero la bendición de una cosecha
abundante cada año fue una recompensa muy valorada.
Durante estos cuarenta días de Cuaresma, reflexionemos sobre
nuestros esfuerzos por “labrar la tierra”.
— Nagulan Nesiah

miércoles, 27 de febrero de 2013

Meditaciones de Cuaresma.




Miércoles 27 Febrero MEDITACIONES DE CUARESMA 

Jesús... les contó esta parábola: “Un sembrador salió a 
sembrar. Al esparcir la semilla, una parte cayó junto al 
camino; fue pisoteada, y los pájaros se la comieron. Otra 
parte cayó sobre las piedras y, cuando brotó, las plantas 
se secaron por falta de humedad. Otra parte cayó entre espinos que, al 
crecer junto con la semilla, la ahogaron. Pero otra parte cayó en buen 
terreno; así que brotó y produjo una cosecha del ciento por uno.”
— Lucas 8:4-8

Cuando se cultivan alimentos, se debe estar dispuesto a dejar que 
las cosas se vayan de las manos. El primer año preparé el suelo con 
un año de anticipación. Cuidadosamente coloqué diez capas de 
compost, recortes de césped, hojas, tierra y periódicos rotos y dejé 
que se descompusieran durante el invierno. Al llegar la primavera, 
planté col rizada, acelga y brócoli, muchas plantas de tomate, 
dos filas de calabacines y calabazas y mucha lechuga, espinacas, 
rábanos y remolachas. Y aunque el brócoli no produjo mucho, el 
jardín fue exuberante y produjo un ciento por uno. Yo no esperaba 
tal abundancia y aprendí rápidamente que tener demasiada comida 
en las manos, es el mejor modo de hacer amigos rápidamente.
Al año siguiente planté menos filas, roté mis cultivos y todavía tuve 
demasiados alimentos para nuestra familia de dos. Hubo muchos 
“voluntarios” en nuestro jardín, con ajos y tomates apareciendo 
donde no sembramos. De nuevo, una inesperada abundancia, 
que hizo un hábito santo ayudar a alimentar a los vecinos y a los 
visitantes de la despensa de la parroquia.
Sembrar es siempre un acto de fe, pero cuando hay un buen suelo y 
receptividad al rendimiento, los resultados son siempre mayores de 
lo que podemos utilizar solos. Y, por supuesto, no debemos hacerlo. 
El rendimiento, el crecimiento y el alimento son para compartirlos.
— Jennifer Baskerville-Burrows