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martes, 26 de marzo de 2013

El triunfo de la vida.


Y a vosotros… os dio vida juntamente con él. (Colosenses 2, 13 RVR60)
Iniciamos el período de Semana Santa, uno de los hitos capitales del calendario litúrgico cristiano universal —el más importante, en la apreciación de muchos—, y se impone una reflexión sobre su especial contenido. Obviando el hecho de que en nuestra sociedad secularizada esta época del año carezca por completo de trasfondo religioso y se haya convertido en una simple ocasión más de viajar o visitar otros lugares (para quien pueda permitírselo, naturalmente), en tanto que creyentes, y en nuestro caso concreto creyentes protestantes, estamos llamados a celebrar el recordatorio de aquellos grandes eventos a los que apunta y que han marcado un antes y un después en la Historia de la Salvación.
Entendemos personalmente las celebraciones de Semana Santa como una proclamación de triunfo, no de derrota; de gozo, no de tristeza; y de vida, no de muerte. La pasión y la crucifixión de Cristo, con todo lo que conllevan de tormento y de dolor reales experimentados por el hombre Jesús de Nazaret, implican para nosotros la victoria de la vida. Es cierto que nuestra cultura española —sin olvidar otras del orbe católico—, de forma tradicional ha teñido estas celebraciones de un cierto color tétrico, y así las ha transferido desde hace siglos a otros pueblos hermanos de habla castellana. Una simple ojeada al arte barroco en su conjunto y a las tallas y esculturas que caracterizan los clásicos “pasos” de las procesiones que aún se celebran en ciertos lugares de nuestra geografía, evidencia con creces lo que decimos. La religiosidad popular española ha incidido tanto en las descripciones del dolor y la agonía del Salvador o las lágrimas de la Virgen María por su Hijo muerto (la imagen típica de “La Dolorosa”, particularmente venerada en el ámbito cultural hispánico), que se ha propiciado toda una cultura de muerte, de tormento, de desgarramiento exhibido y paseado al son de una música adecuada, y bien materializada además en los penitentes que acompañan las imágenes por las calles o los flagelantes que aún se autoinfligen ciertos castigos con ocasión de estas fechas ante un público numeroso.
Independientemente de todo el sabor puramente folclórico que estas prácticas hayan podido adquirir en el día de hoy, con el consabido atractivo turístico y el beneficio económico innegable que proporcionan a ciertas localidades, lo cierto es que han modelado toda una mentalidad religiosa a la que no son inmunes los púlpitos evangélicos, mal que les pese. En algunos cultos especiales que tienen lugar durante estos días, suele ser habitual que los oradores se prodiguen en presentar ante sus congregaciones los últimos momentos de la existencia del Salvador como un auténtico baño de sangre, con descripciones a veces rayanas en lo macabro, y que tienen como resultado, quiérase o no, el hecho de que muchos creyentes especialmente sensibles se cuestionen muy seriamente un sistema religioso basado en el sacrificio cruento (¡y además cruel!) de una persona. En una palabra, que se pregunten si el Dios de la Biblia no será en realidad una divinidad primitiva y sádica que se complace en torturar a su propio Hijo para satisfacer una incomprensible sed de sangre, ahíto como pareciera tener que estar de sangre animal ya en el Antiguo Testamento.
Y es que la falta de mesura en la exposición de la Biblia puede resultar contraproducente.
Que las Sagradas Escrituras presentan a Cristo Nuestro Señor como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo y como el Cordero inmolado por todos nosotros, es algo innegable. Que el Nuevo Testamento afirma de manera directa e indirecta, por activa y por pasiva, que la muerte de Cristo tiene un valor sacrificial vicario y expiatorio a favor del ser humano caído, es una de las grandes enseñanzas del cristianismo apostólico. Que el Verbo de Dios, Segunda Persona de la Trinidad, se encarna en la especie humana obedeciendo a un plan perfecto y eterno en el que se contempla su muerte como entrega solidaria con el dolor de nuestra especie, de forma que a lo largo de su ministerio es plenamente consciente de ello y se encamina voluntariamente a Jerusalén para ser capturado, torturado y crucificado por sus enemigos, es algo que sólo se podría poner en duda torciendo y distorsionando por completo el sentido de las Escrituras tal como nos han sido transmitidas. Pero que al mismo tiempo el conjunto de la Biblia, Antiguo y Nuevo Testamento, proclaman el triunfo de la vida sobre la muerte y que, especialmente los Evangelios y los escritos apostólicos neotestamentarios, presentan todo el ministerio, la enseñanza y los actos concretos de Jesús de Nazaret como obras de un especial valor salvífico para los creyentes, es también una realidad irrefutable. De igual manera, resulta imposible de obviar el hecho de que el propio Cristo enfoca en su anticipación del final violento de su vida terrenal una victoria absoluta sobre las fuerzas del mal y sobre el poder de la muerte. Los relatos referentes a la pasión y crucifixión de Jesús, de las que, dicho sea de paso, los escritos del Nuevo Testamento nos ofrecen una información más bien somera y casi telegráfica —vale decir, no se describen con profusión de detalles cruentos—, aparecen salpicados en los Evangelios con acciones significativas y palabras pronunciadas por el Señor y dirigidas a unos o a otros en las que brilla la luz sobre la oscuridad, en las que en medio del dolor y la muerte resalta de forma específica el poder regenerador de la vida.
El cristianismo proclamado en el Nuevo Testamento es una religión restauradora, no de destrucción. El Evangelio predicado por Cristo es, y nunca hay que olvidarlo, una Buena Nueva, o sea, buenas noticias, no algo negativo.
Así pues, en esta Semana Santa que ahora iniciamos no ha lugar en nuestros púlpitos para una predicación o una proclama de colores trágicos, de atmósfera de tristeza, deprimente, en la que sólo se llore lo más parecido a una derrota. Semana Santa ha de representar para los creyentes cristianos la victoria de Jesús (¡y la nuestra!) sobre la muerte y sus terrores atávicos, sobre esas fuerzas oscuras y malignas que la Biblia describe como entidades diabólicas y que acechan de continuo al ser humano caído, pero que ahora se muestran sometidas e impotentes ante el triunfo del Cristo de Dios.
El Mesías vino a morir, ciertamente, pero para regresar de nuevo a la vida, para difundir vida y vida eterna.
Feliz Semana Santa.

Autor/a: Juan María Tellería


El pastor Juan María Tellería Larrañaga es en la actualidad profesor y decano del CEIBI (Centro de Investigaciones Bíblicas),Centro Superior de Teología Protestante. Artículo publicado en Lupa Protestante

    jueves, 21 de marzo de 2013

    Los anglicanos del mundo unidos por la oración



    Arzobispo Justin saluda a la multitud en Chichester hoy

    Como Arzobispo Justin Welby se prepara para su inauguración en Canterbury hoy, los 85 millones de miembros de la Comunión Anglicana han sido invitados a orar por él y su ministerio.
    La Oficina de la Comunión Anglicana ha emitido hoy una oración para que los anglicanos y episcopales se puedan decir antes de el arzobispo Welby  se convierta en el ocupante 105 de la Cátedra de San Agustín.
    La confirmación de la elección del arzobispo Welby tuvo lugar en la Catedral de San Pablo en Londres el 4 de febrero pasado. Esa fue una ceremonia relativamente discreta y de carácter legal, mientras que el servicio de hoy incluirá bailarines africanos, música Punjabi, una bendición de Burundi y una importantísima representación de las otras Iglesias cristianas principales de todo el mundo. Esto deja en claro la importancia de la Comunión Anglicana mundial para el Arzobispo de Canterbury, y el impulso hacia la unidad más profunda de todos los cristianos.

    La oración por el Reverendísimo y Honorable Justin Welby al ser entronizado como el 105º Arzobispo de Canterbury:

      Señor Jesucristo, Hijo del Dios vivo, a través de quien todas las cosas viven, se mueven y tienen su ser, derrama tu Espíritu Santo y los dones infinitos de gracia sobre tu siervo Justin, que se renueve cada día, que te sirva fielmente en los ministerios que se han confiado a él, dando gloria a ti, que con el Padre y el Espíritu, son un solo Dios, ahora y por siempre , por los siglos de los siglos. Amen.

    Fuente: Palacio de Lambeth
    Edición: Gabinete de Comunicación Iglesia Anglicana de España (IERE)

    martes, 19 de marzo de 2013

    El Rvdmo Carlos López estará presente en la entronización del Arzobispo de Canterbury

    del Obispo de Durham,

    El Rvdmo obispo diocesano de la Iglesia Española Reformada Episcopal (Comunión Anglicana) D. Carlos López Lozano asistirá el próximo jueves 21 de marzo a la entronización como nuevo Arzobispo de Canterbury del  Muy Reverendísimo Justin Welby en la catedral de Canterbury (Inglaterra).

    El Rvdmo Carlos López mantendrá una entrevista privada con el nuevo Arzobispo con el fin de trasladarle, entre otras asuntos de relevancia, invitación para que visite la diócesis de España.

    Por otra parte este acto será retransmitido por la BBC-2 y les ofrecemos los datos para que puedan verlo a través de internet:



    el día de la retransmisión será el próximo jueves 21/03/2013
    hora de comienzo las 15:30h. la hora de finalización las 17:30h (horario de España).
    Welby, confirmado
    El arzobispo de Canterbury, Justin Welby, no asistirá hoy martes a la misa inaugural del papado de Francisco, dos días antes de su propia entronización como primado anglicano, anunció hoy su portavoz.
    Welby, que actualmente está inmerso en el llamado "peregrinaje de oración", un viaje por varias ciudades del Reino Unido, será entronizado como primado anglicano el jueves 21 de marzo en la catedral de Canterbury.

    Gabinete de Comunicación Iglesia Anglicana de España (IERE)

    jueves, 14 de marzo de 2013

    Declaraciones del Arzobispo de Canterbury y del Secreraio General de la Comunión Anglicana.



    Justin Welby.  Foto: Palacio de Lambeth / Picture Asociación

    "QUE EL AMOR DE CRISTO NOS UNA"

    DECLARACIÓN DEL ARZOBISPO EN LA ELECCIÓN DEL PAPA FRANCISCO 


    El arzobispo de Canterbury, el Arzobispo Justin Welby, ha ofrecido su más cordial bienvenida a la elección del cardenal Bergoglio como el sucesor de Su Santidad el Papa 
    Emérito Benedicto XVI . 
    La declaración completa:

    "Le deseamos todas las bendiciones al Papa Francisco en las enormes responsabilidades que ha asumido en nombre de los católicos-romanos de todo el mundo. "Su elección es también de gran importancia para los cristianos de todo el mundo, no menos entre los anglicanos. Nosotros hace tiempo que hemos reconocido y reafirmado muchas veces, que nuestras iglesias tienen un lugar especial la una junto a la otra. Espero con interés la reunión con el Papa Francisco, para caminar y trabajar juntos para construir sobre el legado constante de nuestros predecesores. Que el amor de Cristo nos unamos, e intensificar nuestro servicio en un ecumenismo genuino y fructífero que puede ser una bendición para el Cuerpo de Cristo en todo el mundo. "El Papa Francisco es bien conocido como un pastor compasivo de estatura real que ha servido a los pobres en América Latina, y cuya sencillez y santidad de vida es notable. Él es un evangelista, compartiendo el amor de Cristo, que él mismo lo sabe. Su elección del nombre Francisco sugiere que él nos quiere llamar a todos de vuelta a la transformación que San Francisco conoció y trajo a toda Europa, impulsado por la contemplación y la cercanía a Dios. "Al comenzar mañana una peregrinación de oración hacia mi propia inauguración como arzobispo de Canterbury el próximo jueves, el Papa Francisco estará mucho más presente en mis propias oraciones, también lo será a lo largo de los próximos meses y años ".


    Por otra parte el Secretario General de la Comunión Anglicana ha dicho:

     Canon Kenneth Kearon dijo: "Hay millones de anglicanos en todo el mundo se unan a mí en la oración por el Papa Francisco y su futuro ministerio y el liderazgo entre nuestros hermanos y hermanas en la Iglesia Católica Romana. El simbolismo de la elección de un no- Europeo pone de relieve el cambio del centro del cristianismo mundial. Oramos por él en los muchos desafíos que él y todos los que sirven en posiciones del liderazgo cristiano de hoy ".


    Fuente: Anglican Communion News Service
    Edición: Gabinete de Comunicación Iglesia Anglicana de España (IERE)

    “FRENTE A LAS DIFICULTADES DE MUCHOS, AYUDA DE TODOS”






    La sede del Club Siglo XXI ha acogido este martes en el hotel Eurobuilding de Madrid el encuentro "Frente a las dificultades de muchos, la ayuda de todos", una iniciativa solidaria en el marco del foro de debate Emprendedores 2020.
    El acto, moderado por el periodista Fernando Jáuregui y organizado por la ONG Sauce, ha contado con la participación de monseñor Enrique Figaredo, prefecto apostólico de Battambang, Camboya; el Padre Angel, fundador de la Asociación Mensajeros de la Paz y del Banco Solidario; el reverendísimo obispo de la IERE Carlos López Lozano, de la Misión Anglicana de Solidaridad; y Conrado Giménez, de la Fundación Madrina.
    El primero en tomar la palabra ha sido Jáuregui, quien ha señalado que hay una forma diferente de emprender sin centrarse de manera exclusiva en el ánimo de lucro, al tiempo que ha anunciado la convocatoria de un foro de ONGs para incentivar las nuevas empresas centradas en la solidaridad en los actuales tiempos difíciles que corren. "Debemos intentar cambiar el mundo porque podemos hacerlo juntos", ha afirmado el periodista.
    Por su parte, María José Gómez Rodulfo, presidenta de Sauce, ha pedido la implicación social para cambiar las cosas que no nos gustan, "ya que nunca se han solucionado por sí solos los problemas y necesitamos la implicación de todos para ayudar a aquellos que son menos afortunados para que también creen ellos un futuro mejor". Rodulfo ha señalado, además, que "la suma de energía de muchos puede cambiar la vida de muchas personas y logra crear oportunidades".
    Acto seguido ha sido el turno de Conrado Giménez. El presidente de la Fundación Madrina ha querido comenzar su intervención afirmando que el futuro es de la mujer y ha destacado la valentía y el peso de las familias, "las auténticas pymes de un país". Su proyecto versa en torno a la formación y proyección de jóvenes madres para que puedan salir adelante sin medio más allá del embarazo.
    Giménez ha relatado a los asistentes al encuentro su experiencia de vida y de amor a través de la Fundación en España y en otros países con madres y niños con serias dificultades e impactantes historias personales.
    Tras él, ha compartido su testimonio con los presentes el obispo Rvdmo. Carlos López Lozano, de la Misión Anglicana de Solidaridad, quien ha desmenuzado el programa de ayuda que desarrollan en Madrid, Móstoles, Oviedo, Sevilla, Barcelona, Valladolid o Zamora, entre otras ciudades españolas, gracias al cual se repartieron cerca de 4.500 toneladas de comida a la semana. Sin embargo, la labor de su organización también incluye la educación y tutelaje de jóvenes, voluntariado de adolescentes y adultos, así como asesoría legal para aquellos que más la necesitan.
    También ha tomado la palabra el padre Ángel, fundador de Mensajeros por la Paz y principal impulsor de esta jornada, quien, en una breve intervención, ha afirmado que "nunca ha habido tanta solidaridad como hasta ahora" y que está convencido "de que las generaciones venideras se encontrarán un mundo mejor al que recibimos nosotros porque de lo contrario se nos caerá la cara de vergüenza".
    Además, ha llamado la atención sobre la cifra de jóvenes que se inscribe en un partido político, el 3 por ciento, como contrapunto a la de los que se apuntan a ONGs, el 32 por ciento.
    Por último, ha sido monseñor Enrique Figaredo el encargado de cerrar la jornada señalando que en determinadas partes del planeta, como Camboya, donde el desarrolla su labor, la crisis es permanente. "Nosotros hemos vivido la guerra, la pobreza, el hambre, etc., siempre hemos estado en crisis, algo que no nos tiene que hacer parar sino todo lo contrario".
    Monseñor Figaredo ha compartido con los asistentes sus décadas de valiosa labor solidaria en el sudeste asiático con los más necesitados, desde los pobres a los afectados por las minas antipersona."La solidaridad no es una moda, es una vocación; nosotros ofrecemos algo y ahora no tenemos capacidad de acogida para tanta gente que quiere ayudar", ha apuntado.
    Fuente: elimparcial.es
    Edición: Gabinete de Comunicación Iglesia Anglicana de España (IERE)

    ¿Reformar la iglesia o la iglesia reformada?




    Escribo estas líneas en el momento que suenan las campanas y el humo blanco de la “fumata” anunciando la elección del nuevo papa. Estuve en la mañana ordenando las notas para este artículo que deseo compartir exactamente para este momento histórico. Escribo como pastor y teólogo protestante, y es desde esa tradición que deseo compartir mis reflexiones.
    El tema central que quiero exponer, en  base a la pregunta que titula este artículo, resalta la tensión dinámica entre lo que se entiende por “reformar o renovar”, que sería en síntesis la perspectiva católico-romana, como fue planteada particularmente en el Concilio Vaticano II (1962-1965), la discusión que suscitó y las cuestiones que todavía provoca. Por otro lado, planteo lo que han sido históricamente las posturas protestantes desde el arranque de la reforma protestante del XVI hasta nuestros días. Destacamos el análisis de algunos teólogos protestantes y católicos prominentes, con la sola pretensión de comunicar las preocupaciones legítimas que plantean, sin afán polémico.
    En las últimas semanas hemos estado escuchando a periodistas, líderes religiosos de distintas confesiones, y no pocos jerarcas católico-romanos, mencionar la frase “ecclesia reformata, semper reformanda”. En realidad este concepto fue enarbolado por teólogos de la llamada tradición reformada originada con la reforma de Ulrico Zuinglio y Juan Calvino. Martin Lutero enfatizó lo que muchos han denominado el “principio protestante”.
    Los reformadores clásicos Lutero, Zuinglio y Calvino,  y el movimiento de la reforma radical que incluyó a líderes como Menno Simons y Tomás Muntzer, todos promulgaron un principio fundamental que concibe a la iglesia como la presencia viva de Cristo a través de su palabra, el evangelio. Allí donde el evangelio es proclamado Cristo está presente y donde Cristo está presente la iglesia existe. Lutero incluso insistió en la viva vox evangelii como señal de esa existencia y presencia por la palabra y el sacramento. Calvino subrayaba que donde la palabra es predicada y los sacramentos administrados, por el testimonio del Espíritu Santo, Cristo está presente. [1]
    El “principio protestante” fue ampliamente expuesto por el teólogo luterano Pablo Tillich. Su libro La era protestante (cuya versión original en inglés data de 1948) exponía este concepto como un principio crítico que pasaba juicioso, en tesitura profética, sobre las propias formas en que el protestantismo se institucionalizaba y olvidaba su germen de protesta y desinstalación. Tillich lo expresó sucintamente así:
    El principio protestante es juez de toda realidad religiosa o cultural, incluyendo la religión y la cultura que se denominan a sí mismas ‘protestantes’. [2]
    El teólogo católico José M. Gómez–Heras, plantea que el protestantismo clásico, y particularmente Martin Lutero, asume el principio protestante en una dimensión dialéctica entre el sí evangélico y el no protestante. En esa tensión la reforma protestante intenta articular su crítica al catolicismo del siglo XVI y la búsqueda de una verdad evangélica basada en la Palabra y en la centralidad de Jesucristo como manifestación plena de la buena noticia, en la justificación por la fe en la gracia.[3]  El teólogo católico latinoamericano Juan Luis Segundo reaccionaba a la propuesta de Tillich escribiendo que ”el llamado por Tillich ‘principio protestante’ no es en realidad otra cosa que el principio cristiano a secas”. [4]
    Jaroslav Pelikan, historiador y teólogo, formuló la distinción destacando lo que él llamó “la sustancia católica y el principio protestante”, destacando que en Martin Lutero existe una afirmación de la “catolicidad de la iglesia” como una de sus notas o marcas distintivas.
    Hay que recordar que la reforma wesleyana, que promovió Juan Wesley, surge en la Iglesia de Inglaterra (Anglicana) como una búsqueda de lo que el propio Wesley en todos sus sermones y escritos resaltó como el “espíritu católico”. [5] Juan Wesley era un “evangélico católico” que cultivó las tradiciones clásicas del cristianismo desde los Padres del Desierto hasta los místicos españoles en la afirmación de una visión renovada, que enfatizó en la doctrina de la santificación, con espíritu ecuménico. [6]
    El principio “ecclesia reformata, semper reformanda” proviene originalmente de la llamada tradición de iglesias reformadas, particularmente de la tradición reformada en Holanda, que como “segunda reforma” en el siglo XVII insiste que la iglesia debe constantemente  examinarse y renovarse en la autenticidad de la doctrina evangélica y su práctica pastoral. El intento es desacralizar y advertir todo elemento de idolatría en la iglesia y la sociedad.
    El eminente historiador de la Reforma Protestante, Wilhem Pauck lo destacó así:
    Los protestantes siempre han reconocido que la situación histórica concreta en la cual se encuentran es donde se la ha de rendir obediencia a Dios, pero al mismo tiempo, su espíritu profético les ha movido a criticar, en el nombre de Dios, todo intento de otorgarle a cualquier logro histórico un carácter permanente y a considerarlo sacro por su alegada permanencia…[Así,] han mostrado un gran ánimo para las reformas religiosas cuando una tradición histórica, particularmente una eclesiástica, amenaza con convertirse en un fin en sí. [7]
    El factor profético se subraya  como complemento en obediencia a Dios, relativizando los procesos históricos sin que pierdan sus densidad e importancia. En ello las propias iglesias protestantes deben asumir este reto en constante conversión y renovación.
    Hay que recordar que el papa Juan XXIII al convocar el Concilio Ecuménico Vaticano II insistió en el principio del “aggiornamento”, la puesta al día de la iglesia para enfrentar los retos de la modernidad y la búsqueda de estructuras eclesiásticas pertinentes en el siglo XX. La iglesia debía renovarse, abrirse al mundo y la sociedad moderna con renovado espíritu, para servir mejor, incluyendo el ser una “iglesia de los pobres”, como el propio Juan XXIII lo predicó en 1962.
    La otra tensión importante es la que existe entre la institución y el Espíritu. Esa tensión ha existido siempre en la vida de la iglesia desde el Nuevo Testamento hasta hoy. Para las iglesias reformadas esa dinámica ha sido muy importante. Ello significa que la reforma de la iglesia no es un mero trámite burocrático-institucional, ni una operación administrativa que busca la eficiencia. Es vivir en la impronta de la fuerza del Espíritu que dirige, ayuda a discernir y plantea nuevas maneras de responder al Evangelio. La iglesia debe articular su vida litúrgica, su doctrina, su ministerio y su misión en la Misión de Dios y no en su propio proyecto institucional.[8]
    La tradición pentecostal insiste en la dimensión renovadora del Espíritu Santo y su llamada a la libertad para los y las creyentes y la comunidad de fe. La iglesia vive a la expectativa del factor sorpresa que la renueva, la anima y la equipa para discernir su vida y misión por los dones del Espíritu. [9]
    Debemos recordar aquella sabia distinción que hiciera el teólogo reformado Oscar Cullmann cuando señalaba que parte de lo que podemos aprender de la iglesia primitiva en mantener en tensión creativa lo institucional y lo carismático. Cullmann lo denominó “la libertad del Espíritu y la disciplina litúrgica”. [10]
    En este instante que intento finalizar este breve artículo se anuncia la elección del Cardenal Arzobispo de Buenos Aires, Argentina, Jorge Mario Bergoglio, como el Papa Francisco I. Las primeras reacciones son de sorpresa y entusiasmo. Nos ha recordado al Papa Juan XXIII. Ojalá se deje guiar en una dirección de renovada visión para la Iglesia. Le deseamos una gestión pertinente y adecuada para estos tiempos aciagos en las iglesias y en el mundo.
    Al final del día la iglesia debe caminar hacia el reinado de Dios y cumplir su Misión en el mundo. Esa es la verdadera motivación de una “ecclesia reformata, semper reformanda”.
    ¡Ven espíritu, renueva toda la creación! ¡Renueva las iglesias!
    Carmelo Álvarez – 13 de marzo de 2013


    [1] Carmelo Álvarez, El ministerio de la adoración cristiana: Teología y práctica desde la óptica protestante (Nashville: Abingdon Press, 2012), 37-44.
    [2] Paul Tillich, La era protestante, trad. por Matilde Horne (Buenos Aires: Editorial Paidós, 1965), 246.
    [3] José M. Gómez-Heras,  Teología Protestante. Sistema e historia (Madrid: BAC, 1972), 3-50.
    [4] Juan Luis Segundo, El dogma que libera (Santander: Sal Terrae, 1989), 308.
    [5] Justo L. González, Juan Wesley: Herencia y promesa, (Hato Rey, Puerto Rico: SEPR-Publicaciones Puertorriqueñas, 1998), xi.
    [6] Albert C. Outler, Teología en el espíritu wesleyano trad. por Emmanuel Vargas Alavez (Nashville: Abingdon Press, 2006), 43.
    [7] Citado en Richard Shaull, La Reforma y la Teología de la Liberación trad. por Ashton J. Brooks(San José: DEI, 1993), 68
    [8] Hendrikus Berkof, La doctrina del Espíritu Santo trad. por José Míguez Bonino (Buenos Aires: La Aurora, 1964), 45-70.
    [9] Carmelo Álvarez, ed. Pentecostalismo y liberación (San José: DEI, 1992).
    [10] Citado en Carmelo Álvarez, Celebremos la fiesta: Una liturgia desde América Latina (San José: DEI, 1986), 65.

    Autor/a: Carmelo Álvarez


    Carmelo Álvarez, misionero y profesor de la historia del cristianismo. Es conferencista y asesor teológico como consultor en educación teológica en Latinoamérica y el Caribe, nombrado por la Junta de Ministerios Globales de la Iglesia Cristian (Discipulos de Cristo) y la Iglesia Unida de Cristo en Estados Unidos. Fuente: Lupa Protestante.