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lunes, 3 de junio de 2013

La Iglesia de Inglaterra vuelve a plantear el nombramiento de mujeres obispo

Aprobó la ordenación de mujeres en 1992, pero rechazó su consagración episcopal

Redacción, 27 de mayo de 2013 a las 08:20

No a la ordenación de mujeres obispo en la Iglesia anglicana
 Las mujeres ya sirven como obispos anglicanos en Australia, Nueva Zelanda, Canadá y Estados Unidos
Welby y Sentamu/>

Welby y Sentamu

  • Welby y Sentamu
  • Mujeres obispo, a debate en la Iglesia de Inglaterra
  • Welby, confirmado
La Iglesia de Inglaterra ha hecho pública esta semana una nueva propuesta legislativa sobre la ordenación de mujeres como obispos para 2015, una reforma que cuenta con un amplio apoyo en el país pero que fue frustrada en noviembre del año pasado.
El nuevo plan, firmado por el arzobispo de Canterbury, Justin Welby y el arzobispo de York, John Sentamu, será presentado en la próxima reunión del Sínodo, el próximo mes de julio, para iniciar el proceso de aprobación de una de las cuatro opciones presentadas en la iniciativa legislativa, buscando así crear una imagen más moderna e igualitaria de la iglesia.
Las propuestas de la Cámara de Obispos llegan acompañadas de la publicación de un informe de un Grupo de Trabajo creado en diciembre y que establece cuatro posibles opciones para la nueva legislación. De todas ellas, la Cámara de Obispos ha recomendado "la legislación más sencilla posible" (la opción uno) que dice así: "Una medida para modificar el canon para hacer legal que las mujeres puedan acceder a convertirse en obispos, y la derogación de los derechos legales para aprobar resoluciones A y B de la medida de 1993, además de la derogación de la Ley de Ministerio Episcopal del Sínodo".
La Iglesia aprobó la ordenación de las mujeres como curas en 1992, pero rechazó su ordenación como obispos.
Las mujeres ya sirven como obispos anglicanos en Australia, Nueva Zelanda, Canadá y Estados Unidos, pero las iglesias anglicanas en muchos países en desarrollo se oponen a la ordenación de clero femenino y trabajan juntos para protegerse de este tipo de reformas.
(Rd/Agencias)

martes, 16 de abril de 2013

“La muerte nos iguala a todos”




…que sean juzgados en carne según los hombres, pero vivan en espíritu según Dios (1 Pedro 4, 6b)
Hace unas cuatro décadas, cuando apenas contábamos unos once o doce años, ojeábamos un día lo que nos parecía un libro de chistes que había en la biblioteca de casa, obra de un dibujante y humorista catalán bien conocido en la época, Jaume Perich, “el Perich”, como se le llamaba entonces. El título del libro era Autopista, un gran éxito en su momento —está considerado en nuestros días como un referente inigualable de aquellos tiempos, una especie de parodia deCamino de Escrivá de Balaguer—, y en una de sus páginas aparecía una viñeta en la que se veía un hermoso mausoleo ricamente construido y decorado, todo él hecho de mármol y otros materiales evidentemente muy costosos, rematado por una cruz; a cierta distancia, en cambio, se leía en un cartel el rótulo “fosa común”; y del mausoleo salía un “bocadillo” con la declaración que nos sirve de título para esta reflexión de hoy y que es un conocido adagio: La muerte nos iguala a todos.
La ironía socarrona de “el Perich” nos ha venido a la mente en estos últimos días al leer y escuchar en los medios de comunicación acerca de dos decesos muy recientes, acaecidos ambos en nuestro país el día 8 de los corrientes. El primero, el de la señora María Antonia Abad Fernández; el segundo, el del señor José Luis Sampedro Sáez. Ella, conocida en sus inicios artísticos como Sarita Montiel, la actriz española (y también de nacionalidad mexicana) que aparecía en ciertos westerns (las “películas de vaqueros” o “de indios” que decíamos en nuestra época) normalmente en papeles de piel roja o de “chicana”; más tarde, como Sara Montiel, actriz y cantante de renombre, protagonista de ciertas películas que hicieron época, como El último cupléLa dama de Beirut, en las que evidenció su talento interpretativo; y finalmente, como “la Saritísima”, figura no exenta de controversia en sus apariciones públicas, con sus partidarios a ultranza y sus detractores acérrimos, sus fieles devotos que exaltaban sus valores y justificaban sus errores, y sus enemigos que la señalaban como imagen del franquismo o incluso venteaban ciertos trapos sucios de su vida personal. Él, por su parte, escritor, humanista y economista, profesor universitario que en su día tuvo sus quebraderos de cabeza con el régimen franquista, y que en los últimos tiempos había abogado por un sistema económico más humano, más solidario, capaz de contribuir a desarrollar la dignidad de los pueblos; sus críticas abiertas al sistema capitalista y neoliberal imperante en nuestras latitudes le hicieron alinearse con los indignados de mayo del 2011, lo que lo convirtió en persona non grata para algunos sectores sociopolíticos españoles.
Dos figuras destacadas, sin duda alguna, cada una en su área, en su esfera. Dos figuras realmente igualadas en la muerte, al menos en el sentido más biológico y hasta metafísico, si se quiere, del término. Pero, al igual que en la viñeta de Jaume Perich, con una enorme y aplastante diferencia. Las exequias de la señora María Antonia Abad Fernández han tenido una amplia repercusión en los medios de comunicación. Además de las entrevistas a familiares y amigos del mundo del espectáculo, ampliamente difundidas, su traslado al camposanto y correspondiente inhumación han sido acompañados de grandes muchedumbres que colapsaban vías urbanas, amén de proyecciones de imágenes y canciones suyas en grandes pantallas, y toda una serie de anécdotas y mil y una historias que se han venido prodigando en los rotativos hasta el día en que redactamos estas líneas. La despedida del señor José Luis Sampedro Sáez, por su parte, si bien ha ocupado ciertas columnas en algunos diarios y unos pocos minutos en los noticiarios televisados, ha pasado más bien desapercibida para la mayoría. Tan sólo en ciertas revistas o publicaciones especializadas se ha emitido alguna reseña de su vida y su obra o se ha expresado alguna opinión sobre sus trabajos y su pensamiento. Únicamente en círculos muy restringidos se ha comentado algo acerca de su actividad y las repercusiones que ha tenido o podría tener de aquí en adelante.
No se nos malinterprete. No estamos diciendo que la señora María Antonia Abad Fernández no mereciera las muestras de cariño de quienes han sido su público fiel, sus familiares, amigos y allegados. No pretendemos que se entienda que la señora María Antonia Abad Fernández fuera “la mala” de la película (¡y nunca mejor dicho!), mientras que el señor José Luis Sampedro Sáez habría de ser forzosamente “el bueno”. Esas divisiones maniqueas (¡e infantiles!) entre “buenos” y “malos” no son de recibo en un pensamiento protestante cuando nos atenemos a las palabras de Jesús que afirman haber sólo uno verdaderamente bueno, es decir, Dios (Marcos 10, 18). Lo que pretendemos vehicular con esta reflexión es que, por desgracia, los seres humanos no igualamos a todos en la muerte, no damos a nuestros semejantes un trato equitativo, y que en ocasiones —y ello es síntoma de una carencia realmente grave— no reconocemos el valor de quienes llevan adelante ciertas labores de gran calado pero tal vez no demasiado divulgadas (a lo mejor es que no interesa que se divulguen, las cosas como son), sino que únicamente nos fijamos en aquello que parece más glamoroso, más atrayente por su apariencia. Al parecer, tal es la característica más significativa, se oye por ahí, de los pueblos incultos, a los que es fácil manejar con aquello del panem et circenses de los antiguos romanos, el “pan y circo” que decían —luego se dijo “pan y toros” en nuestras latitudes, pero hoy resulta un tanto impopular; algunos prefieren adaptarlo como “pan y fútbol”, más actual, aunque con idénticos resultados.
Desde estas líneas deseamos tan sólo manifestar nuestra admiración a la labor y trayectoria tanto de la gran artista que fue Sara Montiel como del gran pensador y humanista que hemos perdido en José Luis Sampedro. A ambos los encomendamos a las manos misericordiosas de Dios Nuestro Señor, que les proveyó de talentos y les permitió llegar a unas edades avanzadas dándoles ocasión de ejercitarlos en bien de todos.
No nos corresponde emitir sobre estas personas juicios condenatorios por sus errores o desaciertos, que sin duda los tuvieron, humanos como eran; no tenemos autoridad alguna para lanzar anatemas contra ellos en base a asuntos de vida privada o cuestiones ideológicas controvertidas. Si alguien se atreve a tanto, que lo haga y asuma la responsabilidad correspondiente. Como cristianos no podemos jugar a ser Dios. Lo único que ahora nos corresponde es expresar nuestro agradecimiento a la memoria de estas dos figuras públicas por sus trabajos y las repercusiones positivas que éstos han tenido en las vidas de los demás, que han sido muchas, sin duda alguna, aunque en áreas diferentes.
Aunque desgraciadamente no ante los hombres, la muerte sí nos iguala a todos ante los ojos de Dios. Y eso es algo realmente bueno.
  • Crédito para la imagen que ilustra el articulo pulsar quí

Autor/a: Juan María Tellería


El pastor Juan María Tellería Larrañaga es en la actualidad profesor y decano del CEIBI (Centro de Investigaciones Bíblicas),Centro Superior de Teología Protestante. LUPA PROTESTANTE

jueves, 14 de marzo de 2013

“FRENTE A LAS DIFICULTADES DE MUCHOS, AYUDA DE TODOS”






La sede del Club Siglo XXI ha acogido este martes en el hotel Eurobuilding de Madrid el encuentro "Frente a las dificultades de muchos, la ayuda de todos", una iniciativa solidaria en el marco del foro de debate Emprendedores 2020.
El acto, moderado por el periodista Fernando Jáuregui y organizado por la ONG Sauce, ha contado con la participación de monseñor Enrique Figaredo, prefecto apostólico de Battambang, Camboya; el Padre Angel, fundador de la Asociación Mensajeros de la Paz y del Banco Solidario; el reverendísimo obispo de la IERE Carlos López Lozano, de la Misión Anglicana de Solidaridad; y Conrado Giménez, de la Fundación Madrina.
El primero en tomar la palabra ha sido Jáuregui, quien ha señalado que hay una forma diferente de emprender sin centrarse de manera exclusiva en el ánimo de lucro, al tiempo que ha anunciado la convocatoria de un foro de ONGs para incentivar las nuevas empresas centradas en la solidaridad en los actuales tiempos difíciles que corren. "Debemos intentar cambiar el mundo porque podemos hacerlo juntos", ha afirmado el periodista.
Por su parte, María José Gómez Rodulfo, presidenta de Sauce, ha pedido la implicación social para cambiar las cosas que no nos gustan, "ya que nunca se han solucionado por sí solos los problemas y necesitamos la implicación de todos para ayudar a aquellos que son menos afortunados para que también creen ellos un futuro mejor". Rodulfo ha señalado, además, que "la suma de energía de muchos puede cambiar la vida de muchas personas y logra crear oportunidades".
Acto seguido ha sido el turno de Conrado Giménez. El presidente de la Fundación Madrina ha querido comenzar su intervención afirmando que el futuro es de la mujer y ha destacado la valentía y el peso de las familias, "las auténticas pymes de un país". Su proyecto versa en torno a la formación y proyección de jóvenes madres para que puedan salir adelante sin medio más allá del embarazo.
Giménez ha relatado a los asistentes al encuentro su experiencia de vida y de amor a través de la Fundación en España y en otros países con madres y niños con serias dificultades e impactantes historias personales.
Tras él, ha compartido su testimonio con los presentes el obispo Rvdmo. Carlos López Lozano, de la Misión Anglicana de Solidaridad, quien ha desmenuzado el programa de ayuda que desarrollan en Madrid, Móstoles, Oviedo, Sevilla, Barcelona, Valladolid o Zamora, entre otras ciudades españolas, gracias al cual se repartieron cerca de 4.500 toneladas de comida a la semana. Sin embargo, la labor de su organización también incluye la educación y tutelaje de jóvenes, voluntariado de adolescentes y adultos, así como asesoría legal para aquellos que más la necesitan.
También ha tomado la palabra el padre Ángel, fundador de Mensajeros por la Paz y principal impulsor de esta jornada, quien, en una breve intervención, ha afirmado que "nunca ha habido tanta solidaridad como hasta ahora" y que está convencido "de que las generaciones venideras se encontrarán un mundo mejor al que recibimos nosotros porque de lo contrario se nos caerá la cara de vergüenza".
Además, ha llamado la atención sobre la cifra de jóvenes que se inscribe en un partido político, el 3 por ciento, como contrapunto a la de los que se apuntan a ONGs, el 32 por ciento.
Por último, ha sido monseñor Enrique Figaredo el encargado de cerrar la jornada señalando que en determinadas partes del planeta, como Camboya, donde el desarrolla su labor, la crisis es permanente. "Nosotros hemos vivido la guerra, la pobreza, el hambre, etc., siempre hemos estado en crisis, algo que no nos tiene que hacer parar sino todo lo contrario".
Monseñor Figaredo ha compartido con los asistentes sus décadas de valiosa labor solidaria en el sudeste asiático con los más necesitados, desde los pobres a los afectados por las minas antipersona."La solidaridad no es una moda, es una vocación; nosotros ofrecemos algo y ahora no tenemos capacidad de acogida para tanta gente que quiere ayudar", ha apuntado.
Fuente: elimparcial.es
Edición: Gabinete de Comunicación Iglesia Anglicana de España (IERE)

lunes, 11 de marzo de 2013

''De la monarquía absoluta a la República en el Vaticano” '''De un Pontífice a dos Cónsules''


José María Martínez - Tengo que reconocer que en algunas ocasiones es muy difícil sustraerse al discurrir de la historia: estamos siendo testigos en estos días, unos con mayor desazón que otros, a lo que ocurre en el Vaticano. La organización político-religiosa que sustenta dicho Estado, la Iglesia Católico-romana, se va a enfrentar, tras muchos siglos, a la presencia de dos papas entre sus muros.

Que quieren ustedes que les diga, a mí me recuerda esto al paso de la monarquía romana (hablo de los tiempos de la Roma clásica) a la República Romana que tanto defendió Cicerón. Fue tal el odio que el pueblo de Roma cogió a los reyes que jamás volvieron a proclamar uno, emperadores sí pero reyes no.

La República tuvo una figura llamada Cónsules y eran en un principio dos (comprenderán que estoy resumiendo muchísimo aquel asunto tan complejo); herederos de aquella fórmula de gobierno sólo queda que yo sepa la República de San Marino, república parlamentaria regida por dos Capitanes Regentes.

Bien, pues con la renuncia de Benedicto XVI vamos a asistir en los próximos días a la elección de otro obispo de Roma estando vivo aún el anterior, hecho insólito donde los haya, que va a poner en tensión la maquinaria vaticana, los grupos de poder, las relaciones de la curia etc...
Para empezar ya ciertos teólogos dudan de que la infalibilidad (ese anacrónico dogma tan romano sobre el papa) del pontífice pueda perderla Benedicto por el sólo hecho de la renuncia o con el rayado de su anillo; parecería, en tal caso, que el Espíritu Santo esté a las órdenes del colegio cardenalicio y no a la inversa. Esto no sería un problema si, como sucede en todas las denominaciones cristianas, se rechazase tan esperpéntico dogma; no obstante esta situación tan confusa nos va a proporcionar, sobre todo a los no católicos-romanos días de entretenimiento.

Es muy probable que los grupos que apoyan a Benedicto, pese a su renuncia, miren hacia él cuando no guste algunas de las decisiones, que sí o sí, deberá tomar el nuevo pontífice sobre los asuntos tan graves que atormentan la vida vaticana y a los que Ratzinger no ha tenido fuerzas o no ha podido hacer frente.

Por otra parte perece que estemos asistiendo a una profunda transformación en el pensamiento teológico de Ratzinger, ya Papa Emérito, dado que en más de una ocasión en los últimos días ha recordado que la cabeza de la Iglesia pertenece a Jesucristo, cosa nada baladí viniendo de quien viene tal aseveración. Sé que para nosotros los protestantes y los evangélicos esto es una verdad asumida pero no tanto para quienes consideran -¡ni más ni menos!-  ''vicarios'' de Cristo en la tierra a los papas romanos.

Sinceramente espero, y celebraremos, que Ratzinger se convierta al cristianismo, aunque mucho me temo que nunca podamos saberlo con exactitud, pero no sé por qué me da la nariz que algo pasa por la cabeza de ese hombre.

Por estas y muchas otras consideraciones que sería demasiado prolijo destacar aquí ahora es por lo que digo que la Iglesia Romana transita hacia el republicanismo con sus dos cónsules, aunque en principio parezca que uno mande más que el otro (tiempo al tiempo). En el futuro pueden pasar dos cosas; una que se vaya camino del imperio con el retorno al más tradicional cesaropapismo o bien a un cambio de actitud en relación con el papado, reconvirtiendo a esta figura en un arzobispo primado más, abandonando toda pretensión de primacía mundial sobre la Iglesia; aunque no creo que tal cosa la vean nuestros ojos. La persistencia en el error siempre ha sido parte intrínseca de la historia vaticana.

Me queda sólo animar a los católicos romanos a que, como ya hace Ratzinger, Papa emérito, reconozcan la primacía de Cristo en la Iglesia y -tanto a uno como a los otros- que la Verdad está contenida sólo en las Escrituras.  Dando con ello público testimonio de la razón a las doctrinas fundamentales de la Reforma: sola Fe, sola Escritura, sola Gracia, el sacerdocio universal de los creyentes y el firme propósito de hacerlo todo para la gloria de Dios.