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viernes, 8 de febrero de 2013

Debate en Cambridge: ¿Religión en el s. XXI? la fe de Rowan Williams 'vence' al ateo Richard Dawkins



¿Religión en el s. XXI? la fe de Rowan Williams 'vence' al ateo Richard Dawkins
Dawkins y Williams antes del debate / The Guardian
Según la votación del público universitario, el ideólogo ateo perdió la confrontación frente al hasta hace poco jefe de la Iglesia Anglicana.
07 DE FEBRERO DE 2013, CAMBRIDGE (INGLATERRA)
 Más de 800 personas, la mayoría estudiantes universitarios, asistieron la semana pasada a un esperado debate en la Cambridge Union Society (CUS). Este histórico club privado de debate vinculado a la Universidad de Cambridge invitó a varios ponentes para discutir la premisa: “La religión no tiene espacio en el siglo XXI”. Entre los intervinientes estuvieron Rowan Williams, que acaba de dejar su liderazgo al frente de la Iglesia Anglicana, y Richard Dawkins, cabeza visible del ateísmo a nivel mundial.

Cada miércoles, la CUS organiza en las salas de su edificio de más de 200 años un debate sobre un tema de actualidad, contando con expertos y personalidades ampliamente reconocidas. El del pasado día 31 pretendía cuestionar la necesidad de la religión en este nuevo siglo y planteaba las preguntas:  “¿Es la religión compatible con la vida del Siglo XXI? ¿Cómo puede conseguirse que encaje con las leyes y valores modernos? Y si fuera compatible, hace la religión más bien que mal?”.

 A favor de la proposición se presentaron al debate Richard Dawkins, Biólogo evolucionista y autor de varios libros muy populares, como “The God Delusion” junto al jefe ejecutivo de la Asociación Británica Humanista, Andrew Copson. Enfrente tuvieron al profesor de Estudios Islámicos de la Universidad de Oxford Tariq Ramadan, el director asociado de la Sociedad Henry Jackson Douglas Murray y Rowan Williams, autor de varios libros y nuevo jefe del Magdalene College de Cambridge.

 Tras escuchar todas las intervenciones, una parte del público votó a la salida qué parte del debate les había convencido más. Los favorables a la premisa “la religión no tiene espacio en el siglo XXI” salieron derrotados por 136 a 324 votos.

 DAWKINS: LA RELIGIÓN, SIN RESPUESTAS RELEVANTES
Durante el debate, Dawkins defendió que la religión es un “pretexto”, una forma de esquivar la realidad. Esta, según su opinión, es “redundante e irrelevante”, además de “una traición al intelecto, una traición a todo lo mejor de nosotros, lo que nos hace humanos”, aseguró. La religión, siguió, “parece contestar a la pregunta hasta que examinas y te das cuenta de que no lo hace… Disemina explicaciones falsas cuando se podrían haber ofrecido explicaciones reales, explicaciones falsas que obstaculizan la iniciativa de descubrir explicaciones reales”.

 En el contexto científico, opinó Dawkins, la religión hace la función de un “charlatán pernicioso”. En conclusión, el representante ateo concluyó que la sociedad funcionaría mejor, no peor, si no estuvieran presentes las religiones establecidas.

 WILLIAMS: LA RELIGIÓN, CLAVE EN DERECHOS HUMANOS
 Por su parte, Rowan Williams, que ya tuvo un debate con Dawkins hace un año, aseguró que la religión “ha sido siempre una cuestión de construir comunidades, una cuestión de construir relaciones de compasión y, me atrevo a decir, de inclusión”.

Por tanto, mirando a la Historia, Williams argumentó que no se trata tanto de decidir si la religión debe existir o no, sino de ver cuál debería ser la actitud que se tiene hacia esta. Argumentó, por ejemplo, que los derechos de las personas “tienen profundas raíces” en las comunidades de fe. “La convención de los Derechos Humanos no hubiera sido lo que es si no hubiera sido por la historia del debate filosófico y religioso”. Enfatizó en este sentido que el respeto por la vida humana y la igualdad es inherente en todas las religiones organizadas.

Además dijo que “el argumento que dice que el compromiso religioso deba ser un asunto meramente privado choca contra la Historia de la religión”.

 CONVERSACIÓN ABIERTA
Este debate, en el que el público podía tomar la palabra y plantear preguntas, se enmarcó en la idoneidad o no de la religión en su sentido amplio, y por tanto no se centró en abordar las diferencias entre religiones.

 Puede ver el  vídeo del debate completo, incluyendo las intervenciones de los otros conferenciantes, aquí (inglés).

 La Cambridge Union Society es, tal como define en  su página web , un “club privado” vinculado a la Universidad de Cambridge. Es una de las “asociaciones de debate entre estudiantes más antiguas”. La entidad “defiende la libertad de expresión y la democracia participativa” y organiza debates de ideas de todo tipo. El objetivo es “retar presunciones y prejuicios sobre un amplio abanico de ideas”. 
Fuentes: Cambridge Union Society, The Independent

martes, 5 de febrero de 2013

Hoja Diocesana 692


IGLESIA ESPAÑOLA REFORMADA EPISCOPAL
(Comunión Anglicana)
HOJA DIOCESANA Nº 692
Domingo 3 de febrero 2013
Cuarto domingo de Cotidiano
Domingo de Sexagésima

 

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Lecturas Bíblicas Dominicales
Profecía:              Isaías 40, 27 - 31
Salmo:                 Salmo 99, 4 - 5
Epístola:              Romanos 11, 32- 36
Evangelio:           Mateo 8, 14 - 26
Profecía: Isaías 40, 27 - 31
¿Por qué dices, oh Jacob, y hablas tú, Israel: Mi camino está escondido del Señor, y de mi Dios pasó mi juicio?  ¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es el Señor, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance.
El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.  Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen;  pero los que esperan en el Señor tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.

Epístola: Romanos 11, 32- 36
Porque Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos.  ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!  Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.
Salmo: Salmo 99, 4 - 5
(Se puede reemplazar  por un himno)

Evangelio: Mateo 8, 14 - 26
Vino Jesús a casa de Pedro, y vio a la suegra de éste postrada en cama, con fiebre. Y tocó su mano, y la fiebre la dejó;
 y ella se levantó, y les servía. 
Y  cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados;
 y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos;
 para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo:
 El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias. 
Viéndose Jesús rodeado de mucha gente, mandó pasar al otro lado. Y vino un escriba y le dijo: 
Maestro, te seguiré adondequiera que vayas. 
Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; 
mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza. 
Otro de sus discípulos le dijo:
 Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre. 
Jesús le dijo: 
Sígueme; 
deja que los muertos entierren a sus muertos. 
Y entrando él en la barca, sus discípulos le siguieron. Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; 
pero él dormía. Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: 
¡Señor, sálvanos, que perecemos! El les dijo: 
¿Por qué teméis, hombres de poca fe? 
Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza.
Lecturas Bíblicas para la semana

Lunes: Hch 10.34-48 / Jos 9-10 / Job 25

Martes: Hch 11.1-18 / Jos 11-12 / Job 26

Miercoles Hch 11.19-30 / Jos 13-14 / Job 27

Jueves Hch 12 / Jos 15-17 / Job 28

Viernes: Hch 13.1-25 / Jos 18-19 / Job 29

Sábado : Hch 13.26-52 / Jos 20-21 / Job 30

 Domingo : Hch 14 / Jos 22 / Job 31

De reyes, príncipes y testas coronadas


Y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios (Apocalipsis 1, 6 RVR60)
Nos ha llamado mucho la atención una de las noticias que se han visionado, leído y escuchado durante la última semana, no tanto por su contenido en sí mismo, que podría no pasar de lo meramente anecdótico, como por su repercusión en ciertos foros. Nos referimos a la decisión de la reina Beatriz de Holanda de abdicar próximamente en su hijo Guillermo, que con su esposa, la tan celebrada en la prensa rosa de hace algún tiempo Máxima Zorreguieta, reinará sobre los neerlandeses en fechas muy cercanas.
De forma curiosa, los comentarios que hemos leído a la rápida aparición de la soberana en la televisión nacional holandesa divulgando el real comunicado, han derivado hacia dos temas predominantes: por un lado, la inevitable información dicha “del corazón”, centrada en las características personales de la reina, por cierto muy loadas, el príncipe y sobre todo la nuera (de la que no han faltado quienes se han dedicado a rastrear los orígenes guipuzcoanos e incluso a mostrar fotografías de su antigua familia en el caserío ancestral); y por el otro, las también inevitables comparaciones entre las monarquías holandesa y de otros países, en las que se tendía a exaltar las virtudes de la primera frente a la escandalosa imagen que ofrecen hoy por hoy algunas testas coronadas europeas y/o ciertos miembros de sus familias, especialmente los que tenemos más cerca. Recordamos una aportación, anónima por cierto, en la que se decía literalmente: “no es comparable una monarquía protestante como la holandesa con la —obviamos el término malsonante original— que tenemos aquí”. ¿Sería su autor protestante él mismo, o sus palabras se limitaban a expresar admiración por una institución de un país protestante?
Desde el máximo respeto a la reina Beatriz, su hijo, su nuera y toda su familia, así como a todos los monarcas, europeos o no, que por encima de sus privilegios constitucionales e históricos y su pretendida “sangre azul” no son sino personas humanas y mortales dependientes de la misericordia divina, como el resto, no pretendemos utilizar estas líneas para hacer una declaración a favor o en contra de la institución monárquica como tal o de monarquías concretas como la holandesa. Ni como ciudadanos europeos ni como creyentes protestantes. Hemos conocido miembros de nuestras distintas iglesias evangélicas que se decantaban abiertamente por un sistema monárquico por entender que los reyes son figuras históricas claves en la representación e incluso en la estabilidad de un país, así como otros que se definían claramente como republicanos convencidos y consideraban las monarquías reliquias de épocas pretéritas injustificables en nuestros tiempos. Gracias a Dios, nunca hemos presenciado una discusión declarada o un debate encarnizado entre ambas posturas, y esperamos no tener que verlo. Finalmente, cada cual ha de ser muy libre de pensar sobre estos temas como bien le parezca, siempre desde unas bases de civilizada deferencia hacia quienes no opinen igual.
Lo que nos proponemos con esta reflexión es, sencillamente, llamar la atención de todos nuestros amables lectores al hecho de que, y siempre según el propósito divino, los creyentes estamos integrados en una clase muy particular de monarquía: somos reyes juntamente con Cristo nuestro Señor, pertenezcamos en esta vida a familias reales terrestres o no, nos decantemos por un sistema político monárquico o republicano. Y en unión con Cristo, estamos llamados a ejercer una misión real (en el doble sentido de la palabra) en este mundo. Si por un lado los escritos bíblicos exponen la condición de reyes de los creyentes como algo que ha de advenir en un futuro, cuando el plan divino de restauración de la familia humana alcance su plenitud al final de los tiempos, por el otro hallamos textos como el de Apocalipsis 1, 6 que lo presentan como una realidad actual, un hecho consumado. Esta dicotomía se puede entender, sin duda, a la luz de aquello que indican algunos teólogos: el enfoque “desde arriba” o “desde abajo”.
Mientras estamos en nuestra querida y vieja Tierra, hemos de enfocar la existencia, lógicamente, “desde abajo”, o sea, desde el suelo que pisamos. Si alguien está llamado a enfrentar la vida con realismo, ése ha de ser el creyente. Con todo, las Escrituras nos permiten atisbar de vez en cuando ciertas realidades superiores, supraterrenas, aunque sea de forma fugaz, como cuando se filtra un rayo de luz en medio de un día oscuro o una pequeña fisura en un muro nos permite contemplar algo de lo que puede haber al otro lado, tal vez un pequeño destello. Por eso es bueno que sepamos que hemos sido constituidos reyes.
Y ahora maticemos lo que ello conlleva.
La realeza en la Santa Biblia no reviste forzosamente el carácter de lo que hoy entendemos por monarquías en nuestro mundo actual. El cristiano no está llamado a ser una figura decorativa o un simple representante simbólico y único de una institución política. De entrada, sabe que no está solo en su función. No se trata de ser un rey en solitario, sino en unión de todos los creyentes y en paridad con ellos; nadie es “más rey” que otros, ni tampoco menos. Los pasajes escriturísticos que hacen referencia a esta especial condición del discípulo de Cristo jamás hacen distinciones ni señalan delimitaciones internas en el conjunto de los fieles. Somos reyes, simple y llanamente. Todos nosotros. Por otro lado, somos reyes que actúan de consuno, que llevan a cabo una función de proclamación de la justicia de Dios y que declaran la soberanía divina sobre el universo en su conjunto, llamando a las cosas por su nombre, señalando aquello que no es conforme al designio divino para la especie humana y denunciando cuanto atenta contra la dignidad de las personas. No es porque sí que las prescripciones deuteronómicas para los monarcas del antiguo Israel incluyeran como deber fundamental un estudio paciente y constante de las sagradas disposiciones divinas (cfr. Deuteronomio 17, 18-20).
Y finalmente, la realeza del creyente se presenta como inseparable de otra función muy específica, la sacerdotal. No se puede ser rey en el sentido neotestamentario sin ser al mismo tiempo sacerdote. Carece de sentido pensar en reinar con Cristo en este mundo sin ejercer al unísono un ministerio permanente de intercesión por los demás. El gran error que cometieron siempre las monarquías humanas de considerarse dueñas absolutas de vidas y haciendas de sus súbditos, y que degeneraron demasiadas veces en tiranías insoportables, olvidando su función de servicio a sus pueblos respectivos —cosas que de alguna manera aún se palpan en ciertas casas reales hodiernas—, es comparable en el terreno espiritual al de quienes asimilan muy bien la idea de un reino, entendido como dominio, pero descuidan la del sacerdocio: no podemos ser verdaderamente reyes para Dios si nos creemos únicos y descuidamos nuestro deber de ministración de la misericordia divina a los otros. El propósito divino para los creyentes implica, por lo tanto, la negación de los exclusivismos, los ghettos espirituales y los “reductos incontaminados de la verdad” en aras de un servicio permanente al prójimo, de una preocupación real por él y por su bienestar, así como de un deseo genuino de que viva en comunión con el Creador.
Beatriz de Holanda, como parece ser ya casi una tradición en su país, abdica para ceder el trono a su hijo Guillermo, para dar paso a una nueva generación y que implica una revalorización de la institución monárquica en los Países Bajos. Medida inteligente y popular, sin duda, que más de uno querría para los monarcas de sus países respectivos, y que dice mucho de ella, no ya como soberana de su país, sino también como persona. Esperamos que les vaya bien a todos ellos. Y por encima de todo, en tanto que reyes y sacerdotes de Dios que profesamos ser, lo que más deseamos es que también ellos, juntamente con el resto de los seres humanos, sean un día recibidos con los brazos abiertos en el Reino de Cristo, su Señor y el nuestro.

Autor/a: Juan María Tellería


El pastor Juan María Tellería Larrañaga es en la actualidad profesor y decano del CEIBI (Centro de Investigaciones Bíblicas),Centro Superior de Teología Protestante./ Fuente Lupa Protestante

miércoles, 30 de enero de 2013

Buenos días nos dé Dios


30/01/2013, Manuel López

Lizzie, yo, (3) Saludos! Hola Manuel, Hola, Lizzie, etc. El mail -mensaje por correo electrónico; convengamos en llamarlo correo-e- en la tarde noche del pasado 10 de enero es culpable de que esté aquí un servidor importunándoles con la murga de texto que viene a continuación después de haber puesto un titular tan consabido como esa frase hecha del saludo de rutina, tan en desuso, ay, de “Buenos días nos dé Dios.”
Conste que estaba dispuesto a arriesgarme a titular “’-¡Bendisiones!’ -¿Mande?” No lo hice por tres razones que humildemente debo confesar:
-Una. No es correcto buscar primero el título de un artículo para ver luego cómo te las arreglas para ir armando el contenido que lo justifique, ni siquiera en un artículo de opinión. Contenido y continente forman una sociedad indisoluble.
-Dos. Además de no ser correcto de acuerdo a la ética y deontología profesional del periodista, tampoco lo es en modo alguno conforme a la ética del Evangelio, a fuer de la Ética Protestante.
-Y tres. Un periodista cristiano debe mantener la cordura a la hora de “vender” titulares comerciales. Lo primero, primero: el contenido. Si es información, la respuesta a las cinco preguntas: qué, quién, cómo, dónde, por qué, sin olvidarnos de la sexta: a quién lo estamos contando; ponernos “en los zapatos del lector” -muchísimo más certera y bella expresión que la que usamos en España de meternos “en el pellejo del otro”-.
Informar es contar “qué pasó”, no “cómo me conviene decir qué pasó”.
Si opinamos, la Ética Protestante aplicada a la comunicación, que recogen la mayoría de los Libros de Estilo de los medios de más prestigio y fiabilidad, proclama con sangre de tinta el principio innegociable que nos obliga a dejar más claro que el agua que no estoy narrando los hechos de un acontecimiento, sino comunicando qué me parece, cómo valoro, qué opinión me merece esto o aquello.
Y ahí estamos, señoras y señores colegas de este oficio de juntar palabras. “Buenos días” no es noticia, ni siquiera en los espacios de información meteorológica. Que luzca el sol y no llueva, no haya viento y no haga frío ni calor es lo normal. En realidad es notición, pero ya se sabe, solo interesan las malas noticias. Ay, Señor.
Así, atribuir a Dios la bondad del día que amanece y encomendarnos a él para la jornada que nos vendrá por delante no es noticia. No vende.
Y tendría que ser noticiable, caray. El brillo del más tenue rayo de sol que lucha por abrirse paso entre nubarrones en este valle de lágrimas es todo un victorioso signo de esperanza, de que hay vida. Y la vida puede -y debe- ser hermosa. Hermosa buena noticia.
Saludar por la mañana a otros con el deseo de bendición colectiva -“nos dé Dios”- es acaso la expresión suprema de la solidaridad, virtud evangélica por antonomasia. Equivale a reconocer, a proclamar en voz alta y públicamente, que deseo -nos pido- un buen día… para todos.
La emigración latinoamericana ha traído a España el saludo religioso “¡Bendiciones!” Lo respeto, pero no me gusta y por lo tanto no lo comparto; no va con nuestra cultura. Como ocurre con todo, el abuso del uso las palabras- la banalización, ay- y especialmente cuando se fuerza la incorporación de extranjerismos en el lenguaje coloquial popular, no es buena cosa.
Si estoy en un ascensor y entra alguien saludando con un sonoro “¡Bendiciones!”, confieso que lo que me pide el cuerpo es contestarle “¿Mande?”
En el ámbito de las iglesias es otra cosa. En estos últimos tiempos, ya digo, cada vez con mayor frecuencia te despachan con el manido “¡Bendiciones!” cuando entras o sales del culto o te encuentras con conocidos de la iglesia por la calle. “Bendiciones”. Vale, pero y después, ¿qué?, porque ahí empieza y termina la cosa.
Yo propondría a los bendicionistas cambiar radicalmente el signo ortográfico, la propia figura retórica. Nada de admiración, “¡Bendiciones!”, para cubrir el expediente y seguir tu camino. Mejor interrogación: pararse ante el otro, ponerle la mano en el hombro y preguntarle a bocajarro: “¿Bendiciones?”
Esto vendría a equivaler a decirle: “Hola, ¿cómo estás? Te escucho. Cuéntame, venga. Veré qué puedo hacer por ti.”
“Buenos días nos dé Dios. ¿En qué puedo servirte de su parte?”

Autor/a: Manuel López


Manuel López es periodista, fotógrafo, profesor de Comunicación e Imagen y consultor de prensa. Editor adjunto de "Periodistas en Español" (www.periodistas-es.org). Bautista. Miembro de Cristianos Socialistas. FUENTE: LUPA PROTESTANTE

Esclavitud XXI pone en marcha una campaña para proteger a los menores


Esclavitud XXI pone en marcha una campaña para proteger a los menores

En España la edad de consentimiento para mantener relaciones sexuales está en 13 años, lo que según la organización lleva a que se cometan “abusos a menores”.
29 DE ENERO DE 2013, ESPAÑA
Esclavitud XXI, entidad vinculada a la Alianza Evangélica Española, está realizando una recogida de firmas para  apoyar una petición al Gobierno para que se eleve la edad de consentimiento para mantener relaciones sexuales.

Actualmente en España según el código penal, la edad de consentimiento se sitúa en los 13 años. “Un adulto es perfectamente capaz de manipular a un/a niño/a para hacerle creer que lo que están teniendo es una relación consentida cuando  lo que en realidad se está produciendo es un abuso que puede conllevar fatales consecuencias sobre el menor” , comenta Dani Banegas, presidente de Esclavityd XXI.

“Es importante no solo firmar sino que cada uno de nosotros concienciemos a las personas de nuestro alrededor (familias, iglesias, escuelas, compañeros de trabajo, etc) por eso  Esclavitud XXI pide que   se imprima una hoja de firmas  y se envíen a la dirección que indica al pie de la propia hoja. Cuantas más firmas se recojan más presión podrá hacer Esclavitud XXI de cara a de cara a una ley antitrata”.

La edad de consentimiento para mantener relaciones sexuales en España es la más baja de Europa (con excepción de El Vaticano) y una de las más bajas del mundo.

Además de esta petición, se puede firmar online en una campaña similar que se desarrolla  en la plataforma change.org. 
 
Editado por: Protestante Digital 2013

domingo, 27 de enero de 2013

Hoja Diocesana 691



IGLESIA ESPAÑOLA REFORMADA EPISCOPAL
(Comunión Anglicana)
HOJA DIOCESANA Nº 691
Domingo 27 de Enero 2013
Tercer domingo después de Epifanía

 

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Lecturas Bíblicas Dominicales
Profecía:                     Isaías 5, 18 - 27
Salmo:                        Salmo 9, 10 - 11
Epístola:                     Romanos 6, 19 - 23
Evangelio:                  Mateo 8, 1 - 13
Profecía: Isaías 5, 18 - 27
¡Ay de los que traen la iniquidad con cuerdas de vanidad, y el pecado como con coyundas de carreta,  los cuales dicen: Venga ya, apresúrese su obra, y veamos; acérquese, y venga el consejo del Santo de Israel, para que lo sepamos! ¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo! ¡Ay de los sabios en sus propios ojos, y de los que son prudentes delante de sí mismos!  ¡Ay de los que son valientes para beber vino, y hombres fuertes para mezclar bebida;  los que justifican al impío mediante cohecho, y al justo quitan su derecho!  Por tanto, como la lengua del fuego consume el rastrojo, y la llama devora la paja, así será su raíz como podredumbre, y su flor se desvanecerá como polvo; porque desecharon la ley del Señor de los ejércitos, y abominaron la palabra del Santo de Israel. Por esta causa se encendió el furor del Señor contra su pueblo, y extendió contra él su mano, y le hirió; y se estremecieron los montes, y sus cadáveres fueron arrojados en medio de las calles. Con todo esto no ha cesado su furor, sino que todavía su mano está extendida.  Alzará pendón a naciones lejanas, y silbará al que está en el extremo de la tierra; y he aquí que vendrá pronto y velozmente. No habrá entre ellos cansado, ni quien tropiece; ninguno se dormirá, ni le tomará sueño; a ninguno se le desatará el cinto de los lomos, ni se le romperá la correa de sus sandalias. 
Salmo: 9, 10 - 11
(Se puede reemplazar  por un canto)

Epístola: Romanos 6, 19 - 23
Hablo como humano, por vuestra humana debilidad; que así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia.  Porque cuando erais esclavos del pecado, erais libres acerca de la justicia.  ¿Pero qué fruto teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte.  Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.
 Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.
Evangelio: Mateo 8, 1 - 13

Cuando descendió Jesús del monte, le seguía mucha gente. Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: 
Señor, si quieres, puedes limpiarme. 
Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: 
Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció. 
Entonces Jesús le dijo: 
Mira, no lo digas a nadie; sino ve, muéstrate al sacerdote, y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para testimonio a ellos. 
Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, y diciendo: 
Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. 
Y Jesús le dijo: 
Yo iré y le sanaré. 
Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente dí la palabra, y mi criado sanará. Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: 
De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe. 
Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos; mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. 
Entonces Jesús dijo al centurión: 
Ve, y como creíste, te sea hecho. 
Y su criado fue sanado en aquella misma hora.
Reflexión del Evangelio
En tiempos de Jesús, la palabra lepra era usada para una gran gama de enfermedades de la piel, y no solamente para la aflicción que hoy día conocemos como la enfermedad de Hansen. “Los escribas contaban más o menos setenta y dos diferentes condiciones de la piel que se definían como lepra”, incluyendo enfermedades como “fuegos” (furúnculos) y tiña (Edwards, 68; ver también Lev. 13-14). Algunas de estas enfermedades no tenían cura conocida, y por eso se les temía mucho. Algunas eran altamente contagiosas, así que se requería que los leprosos vivieran en lugares aislados. La ley de la Torá dice: “Y el leproso en quien hubiere llaga, sus vestidos serán deshechos y su cabeza descubierta, y embozado pregonará: ¡Inmundo! ¡Inmundo!... será inmundo; estará impuro: habitará solo; fuera del real será su morada” (Levítico 13:45-46). El Antiguo Testamento tiene varios pasajes donde Dios aflige al pueblo castigándolos con lepra (Números 12:9-10; 2 Reyes 5:27; 15:5; 2 Crónicas 26:19-21), así que la gente frecuentemente interpretaba la lepra como un castigo por el pecado.
 Por lo tanto, la lepra tenía múltiples dimensiones: física, religiosa, social y financiera. La persona afectada (físicamente) era considerada como ritualmente impura (espiritual). A los leprosos se les requería que vivieran solos y mantuvieran una distancia de cincuenta pasos lejos de otra persona (social). Si la persona con lepra tocaba a otra persona o era tocada por alguien, se consideraba que esa persona estaba ritual y físicamente impura hasta que se le examinara y fuera pronunciada limpia por el sacerdote. En otras palabras, tanto la impureza física (médicamente) como la ritual (espiritual) eran contagiosas. La persona afligida por la lepra no podía trabajar, y por lo tanto se le reducía a pedir limosna (financiera). Y por lo mismo, su familia también se vería reducida a la pobreza. Las consecuencias espirituales, sociales y financieras de la lepra –impureza, aislamiento, y pobreza – eran más terribles que las consecuencias físicas de esas formas más benignas de la enfermedad.

Los capítulos 13 y 14 de Levítico prescriben en forma muy detallada cómo se diagnosticaba la lepra, y hacía al sacerdote responsable de examinar a la gente con problemas en la piel para determinar si tenían lepra. El sacerdote también era responsable de evaluar si la persona con lepra era sanada de la enfermedad. Si era así, el Levítico especificaba un ritual para restaurar a la persona a un estado de pureza. 

Lecturas Bíblicas para la semana
 Lunes: Ro 16 / 2 S 1 / Sal 72
Martes: Mr 1.1-20 / 2 S 2.1-3.1 / Dan 1
Miercoles: Mr 1.21-45 / 2 S 3.2-39 / Dan 2.1-23
Jueves: Mr 2 / 2 S 4-5 / Dan 2.24-49
Viernes: Mr 3.1-19 / 2 S 6 / Dan 3
Sábado: Mr 3.20-35 / 2 S 7-8 / Dan 4
Domingo: Mr 4 1-20 / 2 S 9-10 / Dan 5

jueves, 24 de enero de 2013

María bajo la mirada de una mujer protestante


Reproducimos este interesantísimo artículo aparecido en Lupa protestante:
Puede que María de Nazaret –más conocida en nuestra cultura mediterránea como la Virgen María o la Madre de Dios- haya sido una de las mujeres más maltratadas y malentendidas por la historia de la iglesia. Virgen y madre al mismo tiempo, algo absolutamente inverosímil, se ha utilizado como una justificación de los deseos más ocultos de los hombres y como coartada para reprimir, dominar y controlar el cuerpo y la sexualidad de las mujeres.
Si bien es cierto que el testimonio de los cuatro evangelios podría conducirnos a entender el personaje de María tal y como la historia de la iglesia nos lo ha transmitido, también es cierto que podemos encontrar algunos detalles que contradicen una tradición cristina que ha querido hacernos creer que nuestro cuerpo y nuestra sexualidad debe responder a los ideales esperpénticos de una mujer inexistente, no en el sentido histórico, claro, sino más bien en el aspecto simbólico.
María, víctima de las tradiciones y de las convenciones de una religión y de una cultura basadas en el honor y la vergüenza social, tuvo que enfrentarse, siendo casi una niña, a un embarazo no deseado, poniendo en peligro  la reputación de su familia y, lo que es más grave, su propia vida.
Creo que la tradición cristiana a endulzado demasiado la historia de María de Nazaret. Esta tradición no ha mostrado ninguna sensibilidad hacia una niña embarazada enfrentada a todas las convenciones de su entorno. Nos la ha mostrado como si fuera una diosa, por encima del bien y del mal, ajena a los errores, a los desastres y a las miserias que, sin duda, sufrimos todos los seres humanos.
En  mi opinión, María de Nazaret sufrió las contradicciones y los excesos del sistema patriarcal; experimentó en su propia carne y en su propia historia lo que Ayaan Hirsi Ali llama “la jaula de la virginidad”,  primero en su contexto religioso y después en la tradición de una iglesia que le ha negado lo más importante para una persona: su humanidad.
Me gusta pensar, y de hecho así lo creo, que la tradición protestante le ha devuelto a María de Nazaret su derecho a seguir siendo humana: ella no es la Madre de Dios, es la madre de Jesús de Nazaret, una mujer que pensaba como mujer, que amaba como mujer, que sufría y se preocupaba por sus hijos e hijas como mujer, y que tenía una comprensión muy particular, adecuada y perspicaz de Dios, tal y como se refleja en el Magnificat: “Ha hecho proezas con su brazo; ha esparcido a los que eran soberbios en los pensamientos de su corazón, ha quitado a los poderosos de su trono y ha exaltado a los humildes. A los hambrientos ha colmado de bienes y ha despedido a los ricos con las manos vacías.” (Lc. 1,51-53).
Quede su ejemplo para todas y todos nosotros como un testimonio de la bienaventuranza de Dios hacia las personas que deciden obedecer su voluntad sin tener que negarse a sí mismas.

Autor/a: Joana Ortega Raya


Joana Ortega-Raya es directora de Lupa Protestante. Licenciada en Teología (Seteca), en Filosofía y Ciencias de la Educación (Universitat de Barcelona)., Doctora en Filosofía (Universitat de Barcelona) y Master Duoda en Diferencia Sexual (Unversitat de Barcelona). Durante muchos años ejerció como profesora de Filosofia, Biblia y Griego en una institución teológica protestante en Cataluña. Es miembro de la Església Evangélica de Catalunya - Iglesia Evangélica Española (metodista y presbiteriana)