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jueves, 6 de diciembre de 2012

''Anglicanismo'' por Javier Otaola.



Javier Otaola -  Hace años que mis amigos —librepensadores, agnósticos o ateos militantes— saben de mi adscripción a la Comunión Anglicana, a través de la Iglesia Española Reformada Episcopal y mis amigos —que después de todo me quieren— no lo entienden muy bien, por no discutir lo que hacen es considerar mi cristianismo como una más de mis particulares rarezas, ganas de llamar la atención en estos tiempos en los que el cristianismo se ha convertido en nuestra sociedad en una rareza, en una minoría sociológica. Una minoría grande y relevante, pero una minoría en definitiva.
Mi opción por el cristianismo, sin embargo, es una opción problemática, como no puede ser de otra manera en el tiempo que nos toca vivir, pero tomada radicalmente en serio, aunque sea con las limitaciones que cabe esperar de mis propias dudas, insuficiencias y debilidades, que son muchas. He hecho declaración pública de esa identificación en mi libro Cristianismo, sin embargo (2011)[1] en el que he pretendido dar cuenta y razón de esa conversión aparentemente extravagante.[2]
Me siento cristiano y participo de la sociabilidad cristiana, gracias a la Comunión Anglicana, y gracias a ella puedo mantenerme fiel a lo sustantivo de mi fe infantil y juvenil, y ser congruente con mi libertad de madurez y mi evolución intelectual y personal que por tantas razones no me permite adscribirme a la Iglesia de Roma, que sin embargo y a pesar de su vaticanismo tiene cosas admirables. Gracias a la libertad de espíritu que he encontrado en el seno de la Comunión Anglicana puedo vincularme a la Iglesia universal mediante una forma de reconocimiento mutuo que ninguna otra me puede ofrecer.