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sábado, 22 de diciembre de 2012

Adviento: Esperanza que confronta



Adviento: Esperanza que confronta 
«De sus tronos derrocó a los poderosos, mientras que ha exaltado a los humildes. 
A los hambrientos los colmó de bienes, y a los ricos los despidió con las manos vacías!
».
Lucas 1.52–53 – nvi
La esperanza cristiana no es ingenua; sabe que lo que espera (paz, justicia y vida plena) requiere la confrontación con los poderes que se oponen a sus ideales. En la Biblia esos poderes son representados a veces por medio de figuras y símbolos que apuntan a la realidad del mal (dragones de siete cabezas, bestias imperiales, etc.).
El reino de Dios avanza en contra del antireino de maldades. Y María lo sabía muy bien; por eso su cántico de celebración (Magníficat) está compuesto en términos de una victoria que se gana y una derrota que debe ser aplaudida. Ella dice que el trono de los poderosos será derrocado, que los humildes serán honrados, que los que padecen hambre por fin serán saciados y que los ricos injustos —también por fin— serán devueltos sin sus acostumbradas fortunas. ¡Qué valiente María!
La alegría de ella y la razón por la cual llama a Dios Magnífico es porque él «Hizo proezas con su brazo; desbarató las intrigas de los soberbios» (1.51). La victoria del Señor es el triunfo de la justicia sobre los que buscan perpetuar la iniquidad, de la paz sobre los que quieren que las guerras permanezcan por siempre y de la vida plena sobre los que conciben planes de muerte.
Los que no aman la paz, ni sueñan con la justicia muy poco encontrarán qué celebrar junto al pesebre.
Para seguir pensando:
«¡Nadie lo sabe aún, pero los pobres, los hambrientos y los humillados han vencido! Y esta desconocida de catorce años es su inesperada representante. No se necesita ser freudiano para percatarse de la agresividad tácita en las palabras de María: mi hijo triunfará, invertirá y desagraviará todas nuestras previas humillaciones; nuestro pueblo será exaltado en él… y yo seré el origen de todo esto».
Carmiña Navia (teóloga colombiana)
Oración:
A nivel mundial, el hambre es el mayor riesgo para la salud; mata más personas que el SIDA, la malaria y la tuberculosis juntos. Una de cada ocho personas en el mundo dormirá con hambre esta noche. Clamemos al Señor porque esta y tantas otras condiciones infrahumanas en nuestro mundo, que aguardan por justicia, nos muevan a unirnos al Dios Magnífico que es poderoso para levantar al pobre, al hambriento y al humillado y convertirlo en sujeto de transformación

Autor/a: Harold Segura C.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Adviento: El Señor se acordó



«En tiempos de Herodes, rey de Judea, hubo un sacerdote llamado Zacarías, miembro del grupo de Abías. Su esposa Elisabet también era descendiente de Aarón. Ambos eran rectos e intachables delante de Dios; obedecían todos los mandamientos y preceptos del Señor.  Pero no tenían hijos, porque Elisabet era estéril; y los dos eran de edad avanzada».
Lucas 1.5–7 – nvi
Eran dos personas ancianas; ambas descendientes de la tribu de Aarón (de la casta sacerdotal) y, lo más importante, reconocidas por actuar con rectitud y por ser fieles observantes de los preceptos del Señor. Credenciales suficientes para creer que no experimentaban problemas, pero los tenían. También los justos viven la vida entre frustraciones y alegrías.
Ella, Elizabet, era estéril, tal como Sara, Rebeca, Raquel, la madre de Sansón, también la de Samuel y tantas otras que padecieron la discriminación social y lucharon contra la duda de pensar que Dios se había olvidado de ellas.
Siendo una persona de avanzada edad, le resultaría difícil esperar que se le cumpliera el sueño de su vida: tener un hijo. Hay edades para alimentar ciertas ilusiones, y otras para olvidarlas… comentan los realistas.
Pero, cuando ya no había nada que esperar, llegó el milagro. Zacarías fue sorprendido por la visita del ángel Gabriel, quien le anunció que su esposa tendría un hijo. ¡Para no creerlo! Tan sobrecogedora fue la sorpresa que el anciano sacerdote reaccionó como cualquier persona normal, con incredulidad y temor (1.18).
El nombre de él, Zacarías, significa el Señor se acordó. Se acordó para darles el regalo inesperado de Juan el Bautista, quien fue el predecesor de Jesús. Nunca es tarde para esperar lo que humanamente ya no es esperable. Mientras quede vida, siempre debe alimentarse la esperanza.
Para seguir pensando:
«La esperanza vieja es la más dura de perder».
Elizabeth Barrett Browing (poetisa inglesa, 1806–1861)
Oración:
La falta de sentido y la pérdida de la esperanza son dos de los grandes males de nuestra época; se pierde la esperanza estando aún muy joven. Pidamos al Señor porque en la juventud se afirme la esperanza en que por fin nacerá, por la operación del Espíritu de Dios, un nuevo día en que Cristo triunfará y establecerá en nuestro país la justicia, la paz y la vida plena del reino de Dios.

Autor/a: Harold Segura C.

martes, 18 de diciembre de 2012

Adviento: Dios humanizado


Adviento: Dios humanizado
«Eliud, padre de Eleazar; Eleazar, padre de Matán; Matán, padre de Jacob; y Jacob fue padre de José, que fue el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo. Así que hubo en total catorce generaciones desde Abraham hasta David, catorce desde David hasta la deportación a Babilonia, y catorce desde la deportación hasta el Cristo».
Mateo 1.15–17 – nvi
Varios asuntos de la genealogía que nos presenta el Evangelio Según Mateo captan nuestra atención (1.1.17). El primero es su simetría; aparecen tres grupos de catorce generaciones cada uno. Otro es la omisión de algunos reyes que existieron entre Jorán y Ozías (1 Reyes 8.24). Uno más, y el más extraño para las costumbres orientales, es que nombra a cuatro mujeres: Tamar, Rahab, Ruth y la mujer de Urías. Resulta extraño porque los derechos mesiánicos legales se establecían por la línea paterna. Más llamativo aún es que las mujeres mencionadas eran extranjeras… y algunas de dudosa reputación moral.
Esta genealogía resalta la humanidad de Jesús en su máxima expresión. El Cristo, que procede del Altísimo, tiene una ascendencia terrenal cruzada por la diversidad cultural y marcada por el sello de lo humano. En esta lista se incluyen reyes de mil batallas, familias deportadas, hombres que probaron el amargo sabor del error y mujeres que defendieron su dignidad en contra de todo y de todos.
«Jesús, llamado el Cristo», es el Mesías esperado. Pero ya esta genealogía explica por qué también, aunque anhelado, será despreciado hasta la condena de la cruz. Esperaban un Mesías menos humano, menos amigo de los pecadores, menos débil.
Nuestra redención viene por medio del Dios humanado. Nos redime de la tentación de querer volvernos divinos (la tentación que resistió Jesús en el monte). Nos redime para que seamos genuinamente humanos, en medio de la deshumanización de este mundo.
Para seguir pensando:
«En definitiva,  él, una persona humana como nosotras (excepto en el pecado, Romanos 8.3) en su manera de ser y de vivir, en su decir y en su hacer, nos muestra qué humanidad sí y qué humanidad no, qué religión sí y que religión no, qué compromiso sí y qué compromiso no, qué espiritualidad sí y qué espiritualidad no, qué Dios si y qué Dios no».
Marta Zubía Guinea (teóloga, Universidad de Deusto)
Oración:
Veinticinco millares de niños y niñas mueren cada día de hambre en el mundo. Oremos para que se creen soluciones que agoten la crisis alimentaria mundial, y pidamos al Señor que las personas que nos confesamos cristianas actuemos en este asunto como Cristo, como más humanos, con responsable solidaridad.

Autor/a: Harold Segura C.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Adviento: Opiniones que matan


Adviento: Opiniones que matan
«Entonces los discípulos le preguntaron a Jesús: —¿Por qué dicen los maestros de la ley que Elías tiene que venir primero? —Sin duda Elías viene, y restaurará todas las cosas —respondió Jesús—. Pero les digo que Elías ya vino, y no lo reconocieron sino que hicieron con él todo lo que quisieron. De la misma manera va a sufrir el Hijo del hombre a manos de ellos. Entonces entendieron los discípulos que les estaba hablando de Juan el Bautista».
Mateo 17.10–13 – nvi

La confrontación entre lo que afirman los maestros de la ley y lo que ocurre en la realidad del reino, continúa. Ellos creen conocer los tiempos de Dios y piensan que hasta el mismo Dios debe sujetarse a sus pronósticos. Pretenden ser los dueños de los misterios eternos.
Pero la verdad es que, cuando ellos predicen que algo va a suceder, eso ya sucedió. Y cuando creen que algo va a pasar en primer lugar, pasa al final. Cuando ellos hablan de Elías, la historia indica que el personaje es Juan el Bautista. No aciertan, pero aún insisten en poseer el monopolio de la fe. Esas equivocaciones no serían graves si fueran simples opiniones para debatir en círculos académicos; pero lo son, y mucho, porque conducen a decisiones que trastocan la vida de la gente.
Los desaciertos proféticos de los maestros de la ley impidieron que el pueblo reconociera la identidad de Juan el Bautista y por eso «hicieron con él todo lo que quisieron» (17.12)… de igual manera actuarían también con el Hijo del hombre.
Equivocarse en materia de religión o teología muchas veces el resultado será grave y su costo, alto. Baste recordar las consecuencias de las Cruzadas, la quema de herejes, las guerras santas de ayer y las invasiones imperialistas de hoy.
La religión no es un fenómeno sin envergadura en el desarrollo de los pueblos; define la vida de personas concretas y permea la cultura… para bien o para mal.
Para seguir pensando:
«Las académicas feministas, entonces, señalan correctamente que por demasiado tiempo la tradición cristiana fue grabada y estudiada por teólogos, quienes, con conciencia o no, la entendían desde una perspectiva patriarcal de dominación masculina».
Elizabeth Schüssler Fiorenza
Oración:
En Siria, más de cuarenta millares de personas han sido asesinadas desde cuando se iniciaron las protestas populares en contra del gobierno, en enero de 2011. El número de personas desplazadas aumenta cada día. Oremos porque se alcance la justicia que pretenden estas protestas y se llegue a la reconciliación en Siria y otros pueblos en conflictos internos semejantes. También roguemos para que Dios dé discernimiento a los líderes religiosos (musulmanes, cristianos y otros) de estos pueblos para que actúen como constructores de paz.

Autor/a: Harold Segura C.

sábado, 15 de diciembre de 2012

Adviento: Ni el uno, ni el otro


Adviento - Ni el uno, ni el otro
«Porque vino Juan, que no comía ni bebía, y ellos dicen: “Tiene un demonio.” Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: “Éste es un glotón y un borracho, amigo de recaudadores de impuestos y de pecadores.” Pero la sabiduría queda demostrada por sus hechos». Mateo 11.18–19
¿Quién entiende a los que quieren descalificar a Jesús? ¿Querían un maestro de costumbres rigurosas y un asceta rígido?  Este era Juan, y no lo aceptaron ¿Querían un profeta apacible de conductas menos legalistas? Este era el Hijo del hombre, y lo rechazaron.
A Jesús lo acusaron de glotón, borracho y amigo de personas indeseables. Y, aceptémoslo, esta no era una acusación del todo falsa. No se puede negar que Jesús, en muchas ocasiones, aparecía rodeado de publicanos corruptos y de mujeres y hombres de dudosa moralidad. Por otra parte, comía cuando no debía, y, peor aún, de la manera incorrecta; en cuanto al vino, pues… su primer milagro consistió en convertir insípidos galones de agua en exquisito vino.
El Maestro no habitó entre nosotros para satisfacer los caprichos de los religiosos, siempre tercos e inconsecuentes. Y, además, si se hubiera acogido a sus reglas, se hubiera acompañado de «gente decente» y para su dieta se hubiera regido por el menú del Templo; tampoco lo habrían aceptado. Su código religioso ya les había marcado lo aceptable y lo rechazable.
Cuando la religión (la religiosidad tradicionalista e insensible) domina la vida, sus seguidores limitan su capacidad de juzgar con libertad. Todas las verdades ya están dictadas por el dogma o el código sagrado. Ya no resta necesidad de discernir entre lo que es y lo que no es. La religión señala lo que debe ser… y eso, para ellos, es más que suficiente.
Para seguir pensando:
«No hay ningún estado social que no tenga sus costumbres y, por lo tanto, sus mentiras convencionales».
 Soren Kierkegaard
Oración:
Oremos para que los líderes religiosos sirvan al pueblo, siendo capaces de discernir la vida con libertad, sin ataduras de dogmas ni mezquindades, y así se conviertan en agentes de vida y reconciliación y no en promotores de muerte y conflictos. Roguemos porque las comunidades judías, cristianas y musulmanas residentes en Israel y en los territorios palestinos descubran cómo convivir viendo al diferente no con los ojos del dogmatismo y del egoísmo sino con los ojos de la equidad y la misericordia.

Autor/a: Harold Segura C.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Adviento: No es esperanza barata




«Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos ha venido avanzando contra viento y marea, y los que se esfuerzan logran aferrarse a él.  Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan.  Y si quieren aceptar mi palabra, Juan es el Elías que había de venir. El que tenga oídos, que oiga. […]»
Mateo 11.12–15

¿Quién dijo que ser testigo del reino de Dios es buscar tranquilidad y aspirar a una vida sin perturbaciones? Quien eso piense no sabe quién es Jesús, ni conoce la verdad del evangelio, porque el reino «desde los días de Juan el Bautista […] ha venido avanzando contra viento y marea» y pertenece a los valientes porque solo ellos lo arrebatan (11.12).
Juan preparó el camino para la predicación de Jesús y lo logró al costo de su propia vida. Antes, los profetas antiguos habían predicado la luz del Señor entre las sombras de los reinos terrenales. Todos ellos sirvieron como testigos de la verdad «avanzando contra viento y marea». A ninguno le resultó fácil anunciar la verdad y reclamar justicia.
Después de Juan, vino Jesús. Las cosas no cambiaron. La osadía de la redención se pagó con la sangre del nazareno; él fue víctima de la injusticia de los poderes del mal que arrebatan la vida de quienes proclaman vida en abundancia. En ese camino de entrega sacrificial anduvo Jesús y así lo anunciaron después sus seguidores. Pablo, por ejemplo, les dice a los creyentes de Corinto que cuando les predicó el evangelio se propuso «no saber cosa alguna, excepto de Jesucristo, y de éste crucificado» (1Co 2.2).
La esperanza cristiana no es esperanza barata. Recordando a Dietrich Bonhoeffer debemos saber que, al igual que la gracia, también la esperanza es costosa.
Para seguir pensando:
«[…] identificarse con la tarea salvífica de Jesús hacia los sufrientes conlleva el mismo tipo de persecuciones que a él lo llevaron a la muerte. La misión de la iglesia a los sufrientes […] no es un servicio nacido de buenas intenciones […] sino del compromiso con Jesucristo mismo, quien nos muestra el camino y nos advierte claramente de antemano que se trata de un camino difícil, sufrido, posiblemente mortal».
Nancy Bedford
Oración:
Oremos para que el Señor llene de valor a los pastores, pastoras, sacerdotes, misioneros, misioneras, trabajadores y trabajadoras humanitarios, y demás personal cristiano que labora en zonas de alto riesgo, a fin de que, revestidos del poder de Dios, vivan y proclamen la verdad, y vivan y reclamen justicia. Y roguemos por nosotros, para que, comprometidos con Cristo, asumamos los riesgos de la cruz que traen nuestra manera de vivir la justicia de su reino y de dar testimonio del evangelio cada día.

Autor/a: Harold Segura C.


Harold Segura C., pastor y teólogo colombiano, Director de Relaciones Eclesiásticas de World Vision International. Reside en San José, Costa Rica.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Adviento: Esperanza compartida, alegría segura




Adviento- Esperanza compartida, alegría segura
«Entonces dijo María: —Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador, porque se ha dignado fijarse en su humilde sierva. Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones…».
Lucas 1.46–48
«Bienaventurada entre todas las mujeres, bendito sea el fruto de tu vientre, Jesús», palabras que proceden de la boca de Elizabet, cuando María la visita en su casa, en las montañas de Judea. Las dos mujeres se encuentran, celebran y glorifican a Dios porque en sus vientres crecen señales de la acción de Dios en la historia. El bebé de Elizabet se une a la fiesta y salta dentro del vientre (1.44).
La esperanza, cuando se comparte con otros, se convierte en alegría. La esperanza no es una gracia para saborear en los rincones de nuestra intimidad; es para vivir en comunidad, sobre todo aquella que proviene del Dios Trino quien es, en sí mismo, comunidad plena.
María se regocija porque el Señor la ha escogido para que por medio de ella venga el Salvador del mundo. Su alegría nace de razones universales porque en ella ha ocurrido un milagro que favorecerá a todas las generaciones.
Todos los personajes de la Navidad irradian alegría, menos aquellos que, por su egoísmo, procuran que la salvación se destine a unos pocos… y que nadie, aparte de ellos, sea llamado salvador. Es el caso de Herodes, símbolo del egoísmo salvaje.
Pero, aparte de estos pocos reyezuelos y gobernantes, todos los demás se gozan. Y María no esconde los motivos: estos poderosos, por fin, serán derrotados de sus tronos y los hambrientos (también por fin) serán colmados de bienes (1.52–53). ¡Cómo no iba a saltar Juan el Bautista dentro del vientre de Elizabet!
Para seguir pensando:
«La María teóloga muestra el vientre grávido para ayudarnos a comprender que la teología madura en la espera activa del cumplimiento de la acción de Dios. Es teología con gusto de vocación, vivida en el marco del discipulado que no busca el camino de la cesárea».
Valdir Steuernagel
Oración:
Un informe de UNICEF señala que el problema más grave que enfrenta la región de América Latina y el Caribe en materia de protección de la infancia es la violencia: en las calles, en los sistemas de justicia de menores, en sus propios hogares y en cualquier forma de explotación y abusos sexuales. Clamemos al Señor para que la esperanza de que todo niño y todo joven de nuestro continente será tratado con justicia y colmado de bienes nos dé el coraje para luchar contra cualquier sistema, acción o persona que los violente. Pidamos porque la alegría que trae saber que Dios ya está entre nosotros nos desafíe a procurarles bienestar físico, salud emocional y una vida en la esperanza de Jesús y la justicia de su reino.

Autor/a: Harold Segura C.


Harold Segura C., pastor y teólogo colombiano, Director de Relaciones Eclesiásticas de World Vision International. Reside en San José, Costa Rica.

    martes, 11 de diciembre de 2012

    Adviento: Dios compasivo y de rostro sonriente


    Adviento – Dios compasivo y de rostro sonriente
    «¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le extravía una de ellas, ¿no dejará las noventa y nueve en las colinas para ir en busca de la extraviada? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se pondrá más feliz por esa sola oveja que por las noventa y nueve que no se extraviaron. Así también, el Padre de ustedes que está en el cielo no quiere que se pierda ninguno de estos pequeños».
    Mateo 18.12–14
    ¡Dios, el experto en buscar lo que se ha perdido! Los evangelios así lo demuestran: es el padre que busca a su hijo pródigo, es la viuda que busca la moneda perdida y el buen pastor que va tras la oveja descarriada hasta traerla de nuevo al redil. Estas son imágenes tiernas (maternales y paternales) que revelan el verdadero rostro del Señor.
    Aunque él posee toda la autoridad y el poder, prefiere usar esas competencias para acercarse a la gente con amor y compasión en lugar de usar la ira y el castigo. En nada se parece a los déspotas del mundo que ejercen su autoridad con tiranía. Él, por el contrario, a la oveja extraviada la busca hasta encontrarla; igual procede con el hijo disoluto y con la moneda perdida. Y cuando los encuentra, ¡hace fiesta!
    Es imperioso que incluyamos estos dos atributos de Dios, su empeño en la búsqueda y su alegría al hallar lo perdido, en la nueva educación religiosa de nuestra época. Al Dios de rostro sonriente se le ha excluido de la predicación cristiana. Se ha optado por el Dios castigador, de cara huraña, que sostiene con autoridad el látigo de su ley y profiere condenas a los descaminados.
    Cuando Dios debe ser firme lo es; su carácter tierno no disimula su contrariedad ante los injustos y los violentos que se aprovechan de las personas en situaciones de vulnerabilidad. Pero afirmar que actúa de esta misma manera para con todas las personas no es más que distorsionar la naturaleza del Señor y, por ende, una teología engañosa.
    Para seguir pensando:
    «De devociones absurdas y santos amargados líbranos, Señor».
    Teresa de Jesús
    Oración:
    Pidamos a Dios que, al igual que él, como su pueblo, busquemos y recibamos a las personas que, por lo general, son objeto de rechazo, menosprecio o juicio por parte de nuestras comunidades de fe. Oremos para que el Señor nos nos dé la gracia de expresar su alegre compasión en estos días.

    Autor/a: Harold Segura C.


    Harold Segura C., pastor y teólogo colombiano, Director de Relaciones Eclesiásticas de World Vision International. Reside en San José, Costa Rica.

    lunes, 10 de diciembre de 2012

    Adviento: Creatividad solidaria










    «Entonces llegaron unos hombres que llevaban en una camilla a un paralítico. Procuraron entrar para ponerlo delante de Jesús, pero no pudieron a causa de la multitud. Así que subieron a la azotea y, separando las tejas, lo bajaron en la camilla hasta ponerlo en medio de la gente, frente a Jesús».
    Lucas 5.18–19 – nvi
    La necesidad es la madre de la inventiva, reza el viejo proverbio. E inventiva, por cierto, es lo que sobra en estas tierras de tantas necesidades. Las personas que viven en condiciones de pobreza, inventan mil maneras de sobrevivir con míseros ingresos; las madres, cabeza de familia, idean soluciones extraordinarias para sostener a sus hijos e hijas… y la lista continúa, y es extensa, de originalidades sobrehumanas.
    En el texto de hoy nos encontramos frente a un grupo de hombres que usó su inventiva para acercar a su amigo paralítico a Jesús, fuente de la vida. Es la creatividad por solidaridad; esa que tanta falta nos hace.
    La solidaridad no es un patrimonio exclusivo de los ricos (grandes donantes); es un valor humano que nos moviliza a tomar acciones en favor de alguien en particular o grupo de personas necesitadas. Y tanto pueden lograr los ricos (y deben hacerlo) como las demás personas sin importar su condición social o económica.
    Las grandes trasformaciones humanas que favorecen el desarrollo de los pueblos vienen de la mano de quienes, con creatividad y decisión, actúan para beneficiar al prójimo, como aquel grupo que sube «a la azotea y, separando las tejas», cambian la historia de su amigo.
    Para seguir pensando:
    «Vamos a andar, vamos a andar,
    Hijos con hijos del cielo, ¡busquemos juntos la paz!
    Las iglesias son sepulcros si no proclaman verdad
    Si no cierran las heridas y si no enseñan a andar».
    Federico Pagura
    Oración:
    Cada año, alrededor de todo el mundo, mueren más de siete millones de niños y niñas menores de cinco años; eso equivale a la muerte de novecientos infantes por hora. Pidamos a Dios que nos dé creatividad para revertir en vida la historia de muerte de los niños y niñas de esa edad que viven en los países más pobres. Oremos para que renazca en todos nosotros la solidaridad.

    Autor/a: Harold Segura C.


    Harold Segura C., pastor y teólogo colombiano, Director de Relaciones Eclesiásticas de World Vision International. Reside en San José, Costa Rica.
    Lupa Protestante.

    domingo, 9 de diciembre de 2012

    Adviento: En la aridez de nuestro desierto




     En la aridez de nuestro desierto
    «En el año quince del reinado de Tiberio César, Poncio Pilato gobernaba la provincia de Judea, Herodes era tetrarca en Galilea, su hermano Felipe en Iturea y Traconite, y Lisanias en Abilene; el sumo sacerdocio lo ejercían Anás y Caifás. En aquel entonces, la palabra de Dios llegó a Juan hijo de Zacarías, en el desierto».
    Lucas 3.1–2 – NVI
    La ubicación histórica del texto es exacta y no deja lugar a dudas: se ofrece el nombre del emperador, del gobernador de la provincia, del tetrarca y se muestran las relaciones familiares entre estos. Además, se ofrece información acerca de la jerarquía religiosa del momento; igual, con nombres propios.
    Nada de esta historia tan divina sucede fuera de esta tierra. La llamada historia sagrada no se desarrolla en una realidad distinta a la nuestra. Para que Dios manifieste su amor no necesita un escenario celestial desprovisto de los trucos políticos y las simulaciones de los religiosos. No; la palabra de Dios llega, como le llegó a Juan (3.2), entre Tiberio, Herodes, Anás y Caifás, para ofrecer alternativas de vida que den esperanza.
    El evangelio de Jesús, siguiendo la tradición de los profetas del Antiguo Testamento, no nos invita a escapar de la realidad terrenal, sino a escuchar en medio de ella la voz de Dios y a ser agentes de trasformación. Juan, hijo de Zacarías, recibió el encargo de ser una «voz de uno que grita en el desierto» (3.4). Ese es también nuestro encargo; gritar que hay agua viva (Jn 7.38) en este desierto árido de nuestra época.
    Para seguir pensando:«Haz, Dios mío, que pueda ser en el mundo el sacramento tangible
    de tu amor: ser tus brazos, que atraen y llegan a convertir en amor toda la soledad del mundo».
    Chiara Lubich

    Oración:

    Más de 167 millones de personas viven en situaciones de pobreza en América Latina. Oremos para que el cumplimiento de la Misión cristiana en estas tierras contribuya a crear condiciones de mayor justicia y equidad.

    Autor: Harold Segura C./ Lupa Protestante


    sábado, 8 de diciembre de 2012

    Adviento: Entre lo sencillo anda Dios


     Entre lo sencillo anda Dios
    «A los seis meses, Dios envió al ángel Gabriel a Nazaret, pueblo de Galilea, a visitar a una joven virgen comprometida para casarse con un hombre que se llamaba José, descendiente de David. La virgen se llamaba María». Lucas 1.26–27 – NVI
    La escena trascurre entre la mayor sencillez posible; nada extraordinario a la simple y común apariencia humana: un pueblo cualquiera de la vieja Galilea, una mujer joven (una de las tantas que vivían en Nazaret) y un noviazgo entre la joven y uno de los carpinteros del pueblo. Con este telón de fondo ocurre lo extraordinario (lo que está más allá de lo cotidiano): un ángel anuncia el nacimiento del Hijo del Altísimo (1.32).
    Por cierto, todas las escenas de la Navidad son protagonizadas por gente común; ocurren en lugares periféricos sin destacada resonancia cultural o política. El Hijo del hombre no nace en los palacios del rey, ni en los alrededores del gran templo.
    El nacimiento de Jesús no se respalda por una sofisticada campaña publicitaria, ni por técnica alguna de esas que abundan hoy en los medios religiosos. Ni vestidos llamativos, ni lugares reconocidos, ni gente famosa. Así decidió Dios hacerse un ser humano y así desarrolló su plan de redención.
    Dios anda entre lo sencillo y a la gente sencilla la convierte en instrumentos de su Reino. Lección para tener en cuenta en medio de nuestros afanes de mercadeo eclesiástico.
    Para seguir pensando:
    «El niño de Belén, el joven desconocido de Nazaret, el predicador rechazado, el hombre desnudo en la cruz, él pide mi atención completa. La tarea de nuestra salvación se lleva a cabo en medio de un mundo que continúa gritando y abrumándonos con sus demandas y promesas. Pero la promesa se esconde en la rama que saldrá del tronco, una rama a la que nadie le presta atención».
    Henry Nouwen

    Oración:

    Para que el Espíritu nos haga personas agradecidas que podamos descubrir las señales de la gracia de Dios en los sucesos más cotidianos y sencillos de esta vida.
    Autor: Harold Segura C.
    Fuente: Lupa Protestante.

    viernes, 7 de diciembre de 2012

    Adviento: Conforme a nuestra fe



    Día 6 – Conforme a nuestra fe
    «Cuando entró en la casa, se le acercaron los ciegos, y él les preguntó: —¿Creen que puedo sanarlos? —Sí, Señor —le respondieron. Entonces les tocó los ojos y les dijo: —Se hará con ustedes conforme a su fe». Mateo 9.28–29 – NVI
    Jesús reconoce la necesidad apremiante de los ciegos y sabe que tiene poder para sanarlos, pero antes del milagro entabla un diálogo con ellos acerca de su fe. La pregunta fue directa y la respuesta breve e inmediata; para ellos no había tiempo para discusiones extensas que pusieran en riesgo su posibilidad de ver. Afirmaron que creían que Jesús podía sanarlos.
    Pero, ¿qué significa que Jesús actuara conforme a la fe de ellos?, ¿significa acaso que si no hubieran tenido esa fe Jesús no hubiera operado el milagro? No lo sabemos. Pero lo cierto es que algunas cosas no suceden si no creemos, si no media la fe auténtica y sincera.
    La fe, cuando se vincula a la vida, a la libertad y a la esperanza, es una fuerza trasformadora que nos moviliza y nos convierte en agentes de trasformación; es una convicción vital que produce en nosotros deseos de vivir y de luchar para que la vida sea plena, para que la luz de Jesús venza la oscuridad de nuestras cegueras.
    Una fe así inspira la esperanza, como ocurrió en el caso de estos ciegos. Ellos entraron a la casa donde se hallaba Jesús, se le acercaron, respondieron a su pregunta y recibieron lo que esperaban. Su fe no los paralizó (como suele suceder a veces); los impulsó a actuar e ir en búsqueda del Maestro.
    ¡Cuántas cosas buenas podrían suceder en este mundo si tan solo tuviéramos la fe que nos moviliza! Muchas cosas sucederían conforme a esa fe.
    Para seguir pensando:
    «¡Ah, perdóname, Jesús, si desvarío al exponer mis deseos, mis esperanzas, que rayan en lo infinito! Perdóname… ¡y cura mi alma dándole todo lo que espera!».
    Teresa de Lisieux
    Oración:
    Por las iglesias y organismos cristianos que trabajan en programas de movilización juvenil con miras a la trasformación de nuestras sociedades.

    Autor:  Harold Segura C.
    Fuente: Lupa Protestante

    miércoles, 5 de diciembre de 2012

    Adviento: Predicadores de otro estilo




    Día 4 – Predicadores de otro estilo
    «Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: —Siento compasión de esta gente porque ya llevan tres días conmigo y no tienen nada que comer. No quiero despedirlos sin comer, no sea que se desmayen por el camino. Los discípulos objetaron: —¿Dónde podríamos conseguir en este lugar despoblado suficiente pan para dar de comer a toda esta multitud?». Mateo 15.32–33 – nvi
    ¡He aquí un predicador diferente! A él le interesa el bienestar espiritual de su auditorio, pero no por eso deja sin atender sus necesidades físicas y materiales, como el cansancio que los agobia después de una extenuante jornada o el hambre que los acosa. Él no quiere despedirlos como lo han hecho otros maestros de la fe: que se vayan con hambre, aunque se desmayen, pues se han ido llenos de palabras que satisfacen el alma.
    La homilética de Jesús (el arte de su predicación) no se concentra exclusivamente en las filigranas de la retórica discursiva. Él habla bien y llama la atención por su fina pedagogía, pero hablar bien es también actuar en concordancia con lo que se predica. Él tiene genuino interés en lo que dice (es palabra de salvación), pero igual interés en las necesidades de quienes escuchan lo que él dice. Por eso no quiere despedirlos con hambre.
    Jesús les transmitió de inmediato la preocupación a sus discípulos. Estos le explicaron que era imposible conseguir pan para tanta gente en un lugar despoblado. Ni había dinero, ni había dónde conseguir pan.
    Al final, como sabemos, el problema se resolvió con un milagro. Hubo pan para todos los oyentes y sobraron varias cestas. El objetivo de la predicación se logró: se anunció el reino de Dios con palabras y con obras; se habló del amor de Dios y también se demostró.
    Oración:
    Para que la proclamación del evangelio por parte de nuestras iglesias no sea un discurso sólo de palabras, sino también un testimonio de vida.

    Autor/a: Harold Segura C, pastor y teólogo colombiano, Director de Relaciones Eclesiásticas de World Vision International. Reside en San José, Costa Rica.


    Fuente: Lupa Protestante.