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domingo, 2 de diciembre de 2012

El mes del fin del mundo, dicen


Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el padre. (Marcos 13, 32 RVR60)
Hemos comenzado el mes de diciembre encontrándonos en un rotativo con una noticia aterradora: David Morrison, director del centro Carl Sagan de la NASA, ante la avalancha de mensajes enviados a su correo electrónico (su email, como dicen algunos) por gentes de todas clases, pero sobre todo adolescentes, literalmente presas del pánico ante la “profecía” del famoso calendario maya que “predice” el fin del mundo para el 21 de los corrientes —¡dentro de veinte días!—, se ha visto obligado a difundir por todos los medios a su alcance que tal “vaticinio” es falso, que se basa en una lectura errónea de dicho calendario, y que tendremos ¡menos mal! un 2013. La noticia explica cómo algunos de esos adolescentes se hallan tan angustiados ante la expectativa del fin que no pueden comer, dormir ni estudiar, y que incluso confiesan haberse planteado el suicidio antes de hacer frente a la devastación apocalíptica predicha, pero no lo hacen porque les da miedo.
Si solo se tratara de lo que hemos leído en ese diario, la cosa no iría más allá. Noticias excéntricas se encuentran prácticamente todos los días, sin que les prestemos excesiva atención. Incluso podríamos vernos tentados a decir algo así como: “Es que la gente sin Dios y sin esperanza se cree cualquier cosa”, y nos quedaríamos tan anchos. Pero no es tan simple.
Aún nos viene a la memoria la triste experiencia de una señora que conocimos hace unos pocos años, miembro de una de nuestras iglesias, y que se veía literalmente acosada —y atemorizada— por una individua muy poco recomendable que, pulsando sus sentimientos religiosos, le “predecía” también un fin del mundo devastador para una fecha muy temprana, y le exigía de forma imperiosa le entregara cuantas joyas y objetos de valor tuviera a fin de “purificarse” y “prepararse mejor” ante tan apocalíptica coyuntura.