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jueves, 10 de abril de 2014

Hace 69 años: Bonhoeffer, el pastor que murió por conspirar contra Hitler

Bonhoeffer, el pastor que murió por conspirar contra Hitler
Dietrich Bonhoeffer.
El 9 de abril de 1945 fallecía el teólogo alemán Dietrich Bonhoeffer, ajusticiado por los nazis, a quienes se opuso en medio de una sociedad mayoritariamente pasiva ante las barbarie.
09 DE ABRIL DE 2014, ESPAÑA
Sus obras hoy son estudiadas y seguidas como uno de los mejores logros de la teología en el siglo XX. Pero el pastor luterano Dietrich Bonoeffer no destacó sólo por su pensamiento, sino por la puesta en práctica de unos principios enraizados en el evangelio que le llevaron a oponerse en Alemania al nazismo dominante y por ello, ser finalmente ajusticiado.

Bonhoeffer luchó contra el nazismo conjuntamente con otros colegas, entre ellos el reconocido Karl Barth, el pastor luterano Martin Niemöller y otros opositores a Hitler, creando la“Iglesia Confesante”, que se oponía a las políticas antisemitas del régimen nazi.

El pastor fue arrestado y permaneció en distintas cárceles alemanas y varios campos de concentración durante dos años, hasta que el 9 de abril de 1945 fue asesinado en la horca. Según un testigo, sus últimas palabras fueron: “Este es el fin, para mí el principio de la vida”.

PUSO SU VIDA EN JUEGO
Dietrich Bonhoeffer formó parte de un pequeño número de disidentes que pusieron su vida en juego en su lucha contra el Tercer Reich.

Nació en Breslau el 4 de febrero de 1906, siendo el sexto hijo de Karl y Paula Bonhoeffer. Su padre era un destacado profesor de psiquiatría y neurología; su madre era una de las pocas mujeres de su generación que obtuvo un título universitario.

Desde el principio, los intereses de Bonhoeffer lo llevaron más allá del ámbito tradicional de la academia alemana, y su intelecto y logros teológicos le valieron reconocimientos. Completó sus estudios en Tubinga y Berlín. En 1928, sirvió como vicario en la parroquia alemana en Barcelona; y en 1930, completó sus exámenes teológicos y estudió en la Union Seminary en Nueva York.

También se convirtió en un activo del movimiento ecuménico en ciernes, lo que le valió para hacer contactos internacionales que resultarían cruciales para su trabajo en la resistencia. En 1931, comenzó a enseñar en la facultad de teología en Berlín.

Desde esta posición destacó en su mensaje la defensa de los judíos y su oposición a ese régimen que se levantaba en Alemania bajo parámetros racistas.“Deploramos el hecho de que las medidas del Estado contra los judíos en Alemania han tenido tal efecto en la opinión pública que en algunos círculos la raza judía es considerada una raza de estatus inferior”, dijo en una conferencia en Bulgaria.

Cuando la iglesia oficial se plegó a los intereses del régimen nazi, Bonhoeffer se negó. Le habían pedido que ejerciera como pastor en la Iglesia de Prusia, que había aceptado la disposición aria según la cual se prohibía a cualquiera que tenía sangre judía ejercer un ministerio en la Iglesia.

Así, Bonhoeffer se vio enfrentado a los “cristianos alemanes” de Hitler, que querían suprimir de la Biblia el Antiguo Testamento, desjudaizar a Jesús y transformarlo en un héroe político.

En abril de 1943 fue detenido por la Gestapo acusado de conspirar contra Hitler y encarcelado en Berlín. Enviado posteriormente al campo de concentración en Buchenwald, fue ahorcado por los nazis el 9 de abril de 1945. Hitler se suicidó 21 días después.

CONTRA LA “GRACIA BARATA”
En su libro “El costo del discipulado”, Bonhoeffer plantea algunas de las ideas más sobresalientes de la teología del siglo XX. Allí analiza el sermón del Monte y a la luz de este pasaje denuncia l que consideraba “el mayor peligro” para la iglesia, un concepto que llamó “gracia barata”.

Bonhoeffer decía: “la gracia barata es la predicación del perdón sin arrepentimiento, el bautismo sin disciplina eclesiástica, la eucaristía sin confesión de los pecados, la absolución sin confesión personal. La gracia barata es la gracia sin seguimiento de Cristo, la gracia sin cruz, la gracia sin Jesucristo vivo y encarnado”.

Sin duda, él experimentó en su propia vida que el seguimiento de Cristo significaba pagar un alto precio.

Editado por: Protestante Digital 2014

miércoles, 10 de abril de 2013

Dietrich Bonhoeffer: La gracia barata




El 9 de abril de 1945, se recuerda la muerte de Dietrich Bonhoeffer, quien en vida fue pastor y teólogo de la iglesia luterana de Alemania.
A este erudito, que se ordenó y doctoró a los 21 años, escritor de varios libros, se le conoce por su coraje y compromiso cristiano.  Cuando la Iglesia Católica guardó silencio y las iglesias cristianas protestantes se mantuvieron al margen promoviendo la “neutralidad” ante el régimen tirano y déspota que pretendía levantar Hitler, Bonhoeffer consecuente con su discurso, levantó su voz.
Tuvo la oportunidad de quedarse en los Estados Unidos en medio de los albores que pronosticaban una Guerra Mundial. No obstante, prefirió regresar a su amada tierra a cuidar del rebaño que Dios le había entregado. Estuvo a cargo de un seminario que fue clausurado por la Gestapo. Se le prohibió hablar y enseñar, pero obediente a su llamado continuó sus labores de manera clandestina.
Acusado por complicidad para matar a Hitler, Bonhoeffer fue arrestado y pasó sus dos últimos años de vida en una cárcel en Berlín esperando su sentencia final.  Allí se dedicó a producir varios de sus libros que hasta hoy conocemos.
Entre ellos sobresale: “El Costo del Discipulado”, una joya literaria cristiana. La tesis de esta obra es una exposición a la luz del Sermón del Monte en Mateo capítulo 5. Su argumento, evidenciar lo que significa profesar una fe abstracta, legalista y desencarnada del verdadero compromiso y la transformación que exige Jesús como el corazón del Reino de Dios para sus seguidores.
Una fe que no toca el alma ni la consciencia, un cristianismo sin Cristo y sin cruz, es una fe estéril, inútil y hueca porque al final no es sostenible. A esto Bonhoeffer lo llamó: “la gracia barata”.
“La gracia barata es la predicación del perdón sin requerir arrepentimiento, el bautismo sin la disciplina de la iglesia, la Comunión sin la confesión, la absolución sin la confesión personal. La gracia barata es la gracia sin discipulado, la gracia sin la cruz, la gracia sin Jesucristo, vivo y encarnado” (pág.16).
A los 73 años de que este pastor escribiera estas palabras, en un contexto de tribulación por defender su posición, es triste reconocer que en la actualidad algunos sectores caminan por este mismo sendero que pretende abaratar la fe.
La fe se vuelve barata cuando se ofrece como producto de consumo para satisfacer a las masas que buscan un mensaje acomodado a la realidad de sus deseos personales. Cuando se ofrece como espectáculo para un público que desea que se le endulcen los oídos y se le prometa estabilidad para su “Statu Quo” y cuando  se promueve la identidad de ser hijo o hija de Dios como una garantía para reclamar las promesas materiales a cambio de una módica suma o transacción monetaria que algunos llaman: “La ley de la siembra y la cosecha”, o el “pacto con Dios.”
Hace poco tiempo observaba a un tele-evangelista latinoamericano. Este enseñaba, (si es que se puede llamar enseñanza), que debíamos reclamarle a Dios por cualquier necesidad material existente y pedirle  por el “carro de nuestros sueños como un derecho adquirido por ser sus hijos”.
En sus 30 minutos de exposición, en ningún momento hizo mención a otros elementos presentes en el mensaje apostólico, tal como la justicia, la responsabilidad, la obediencia, el arrepentimiento y el seguimiento como parte integral del discipulado que Jesús vivió, encarnó y demandó.
Estos promotores de estas corrientes corren el peligro de enseñar falsas enseñanzas y por ende, reducir el mensaje a “migas espirituales”. Razón tenía Bonhoeffer al afirmar que la “gracia barata es el enemigo mortal de la iglesia”.
La pasada conferencia mundial Lausana III celebrada en la Cuidad del Cabo en Sudáfrica, se pronunció en contra de la mala interpretación bíblica y hasta la manipulación que se ha hecho para alimentar el materialismo. Uno de los expositores mencionó en su discurso titulado: “Dios promete bendecir a su pueblo”, que el evangelio de la prosperidad distorsiona la bendición en el sentido que sólo lo ubica como bendición material.
Otros comentarios en Lausana III fueron: “No podemos utilizar la opción de comprar la gracia de Dios y esto es lo que hace el evangelio de la prosperidad…”  “Dar es parte de nuestra adoración, pero el evangelio de la prosperidad hace que el dar sea una actividad transaccional”, comentó otro expositor africano y puntualizó: “A los creyentes se les enseña que cuando hacen una ofrenda a Dios pueden esperar una rentabilidad determinada. Pero Dios bendice de acuerdo con su sabiduría y no necesariamente con la riqueza material.”
Como creyentes no podemos permanecer callados ante estas falsas enseñanzas que continúan permeando a la iglesia y encarecen la fe. Pero lo más preocupante es que continúan arrastrando a miles de seguidores a beber de estas aguas turbias e ilusorias. Y aún más preocupante es que están dejando un legado a las próximas generaciones de un discipulado que en nada refleja el corazón del Reino.
Bonhoeffer no calló porque reconoció que su deber como discípulo del Señor era pronunciarse.   ¿Acaso Dios espera algo menos de cada uno de nosotros hoy en día?

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Autor/a: Alexander Cabezas


Alexander Cabezas Mora, costarricense. Es coordinador de Relaciones Eclesiásticas de Viva de América Latina. Miembro de la secretaria administrativa del Movimiento Cristiano Juntos con la Niñez. Parte del equipo coordinador del núcleo local de la Fraternidad Teológica Latinoamericana. Coordinador del programa Desarrollo Integral de la Niñez del Seminario Esepa. Bachiller en educación y posgrado en teología. Anciano de la Iglesia Comunidad Amistad Internacional y ha escrito dos libros sobre temas relacionados con la niñez.
FUENTE: LUPA PROTESTANTE